El otro mayo francés

Las barbaridades que la prensa europea se permite publicar sobre nuestra Argentina (por ejemplo el post que Georges Ugeux redactó semanas atrás para su blog alojado en la versión digital de Le Monde) nos recuerdan cuán prudentes debemos ser a la hora de escribir sobre la victoria de François Hollande en los comicios presidenciales de Francia. Podemos citar informes y análisis difundidos por los medios autóctonos, transcribir opiniones de amigos residentes en territorio galo, evocar nuestra propia relación con el hexágono, y sin embargo siempre nos faltará algo (entre «conocimiento profundo» y «calle») para ofrecer a doce mil kilómetros de distancia un diagnóstico/pronóstico pertinente sobre este otro mayo francés.

Hecha la aclaración, comparto las notas que tomé ayer a la tarde mientras miraba la cobertura electoral de TV5 y asistía a las actualizaciones del sitio colectivo Agoravox y de distintos diarios online. Sin proponérmelo al principio, las observaciones transcriptas terminaron comparando conductas francesas y argentinas en el plano periodístico, ciudadano y político (resulta casi imposible mirar afuera sin estar sujetos a la influencia de nuestra experiencia interna).

Vorágine mediática
La amenaza de multa (de 75 mil euros) para los medios de comunicación nacionales que osaran revelar la identidad del candidato ganador antes de la hora acordada (las 20) puso a prueba la ansiedad y el ingenio de conductores, movileros y editores web franceses para mantener cautiva a la audiencia. En televisión, reeditaron el anuncio de las victorias de François Mitterand, Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy, y en Internet activaron un contador de los minutos y segundos previos a la liberación de la noticia programada.

Mientras tanto, pequeños sitios francófonos (entre algunos belgas y suizos destaco éste de la isla Mauricio) difundieron la primicia a partir de las 19:45 (15:45, hora argentina). Nuestro diario La Nación, en cambio, se tomó su tiempo para confirmar la victoria socialista: de hecho, nuestro centenario periódico todavía se refería a los «datos preliminares» del ballottage cuando Hollande ya había pronunciado su primer discurso en tanto candidato electo.

Si algún gerente de noticias de TN, C5N o América 24 vio la cobertura de TV5, se le habrá caído la baba en por lo menos dos oportunidades: 1) cuando las cámaras (¿de France 2?) filmaron al hijo de Hollande mientras atendía el primer llamado de su padre convertido en Presidente y 2) cuando una movilera cubría ¡desde el asiento trasero de una moto en marcha! el traslado de Don François para ofrecer el mencionado primer discurso en Tulle.

[Dicho sea de paso, después de asistir a la cobertura de la prensa francesa, bien vale repasar este viejo post de Espectadores].

Y dale con la militancia
Quienes hayan sintonizado el canal francés internacional para tomarse un respiro de nuestra realidad habrán despotricado contra la ciudadana francesa que explicó ante cámaras el motivo de su presencia en la plaza de la Bastille. «Gracias a Hollande, descubrí la importancia de la militancia», dijo.

Como poseída por el discurso K, la (no tan joven) mujer señaló un antes y un después en su vida. Se refirió especialmente a un pasado signado por la falta de participación cívica y política que ahora se proponía enmendar.

Cuando le tocó conversar con la movilera de turno, la cineasta Josiane Balasko negó ser «militante socialista» pero dejó bien en claro su compromiso de izquierda «con los sin papeles y con todas las víctimas de un sistema injusto».

¡La derecha no existe!
Si algo le cuesta a la derecha es definirse como tal. En Francia, la mismísima Marine Le Pen se incomodó al borde del enojo cuando una periodista le atribuyó la intención de gestar «una nueva derecha francesa». La hija y heredera política de Jean-Marie descalificó el comentario y reivindicó su propósito de «reconstruir el nacionalismo francés» frente a una Unión Europea que se lleva por delante la dignidad de las naciones miembro.

En distintas oportunidades, los representantes de la alicaída UMP también rechazaron el mote de «centro-derecha». Por algo suscriben a la «unión por un movimiento popular«; por algo suelen subrayar la condición anacrónica de ciertas etiquetas político-partidarias. Por momentos su discurso pareció inspirado en los guiones que Jaime Durán Barba escribe para el PRO.

Una expresión de deseo
Desde esta (limitada) mirada argentina, Francia parece emprender un nuevo rumbo de la mano del flamante Presidente Hollande. Este «otro mayo» comparte con aquél de 1968 el reconocimiento de que la lucha será prolongada («cruel y mucha» decimos por estos lares).

Ojalá la vuelta de timón deje atrás la crisis que los incipientes vientos de cambio todavía no consiguen derribar. Fuerza, muchachos: van a necesitarla.