Un amour de jeunesse

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Especial. Cobertura BAFICI 2012
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Mia Hansen-Løve fue uno de los referentes estrella en nuestra presentación del 14° BAFICI, y sin embargo algunos espectadores no supimos valorar su trabajo más reciente, Un amour de jeunesse o Un amor de juventud, proyectado en la sección La Ley del Deseo del festival. Al menos quien suscribe prefiere la película anterior de esta directora francesa: El padre de mis hijos.

Amores imposibles, tortuosos, trágicos inspiraron grandes clásicos de la literatura, la dramaturgia, la música, el cine, y siguen constituyéndose en motor de las telenovelas. Cualquiera sea su formato, las crónicas de pasión y desengaño atraen por el simple hecho de que la mayoría de los mortales nos identificamos con lo que consideramos destellos de nuestra propia experiencia.

Alguien observará que estas historias son cada vez más excepcionales en un presente signado por los sentimientos líquidos. Quizás esta afirmación resulte cierta para adultos víctimas del síndrome de Peter Pan; en cambio jóvenes e incluso adolescentes contemporáneos parecen seguir sufriendo por amor.

En este sentido, Un amour de jeunesse dista de ser un film anacrónico como Les amours d’Astrée et Céladon. Pero tampoco sobresale de la parva de obras literarias, teatrales, cinematográficas dedicadas al mismo tema.

Las idas y venidas de Camille y Sullivan duran unas casi dos horas que nos resultan excesivas a parte del público. Por suerte nos distraen la fotografía de Stéphane Fontaine, el delicioso francés que hablan Lola Créton y Sebastian Urzendowsky, y la recreación de algunas clases magistrales de arquitectura.