BAFICI animado. Freddy Frogface y Midori-ko

Freddy Frogface y Midori-ko son los dos únicos largometrajes animados que quien suscribe vio en la 14ª edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente. El primero aborda el tema del bullying -u hostigamiento de uno o varios niños contra otro(s)- con una narrativa y una estética convencionales (observación que no pretende quitarle mérito al trabajo del danés Peter Dodd). Proveniente de Japón, el segundo es una fábula surrealista y por momentos escatológica sobre la relación del hombre con la comida.

Freddy Frogface es la adaptación cinematográfica de un clásico de la literatura infantil danesa, cuyo autor es el fallecido Ole Lund Kirkegaard. En la presentación previa a la proyección baficiana, el director se declaró admirador del libro que descubrió un poco por azar.

Dodd viajó a China para realizar la mayor parte del desarrollo con tecnología CGI, sigla que en inglés sintetiza la expresión “imagen generada por computadora”. De ahí que el film pueda verse en 3D.

La película impresiona por sus dibujos detalladísimos. La reconstrucción del barrio donde viven Víctor, Jakob y el malvado (aunque medio tontón) Freddy CaradeRana es absolutamente deliciosa, así como la caracterización de los protagonistas, dos perritos, los vecinos y los empleados de un circo.

A algunos espectadores les resultará demasiado hablada. Pero este pequeño reproche resulta casi irrelevante para una propuesta con sentido de la estética y -cabe destacar y agradecer- muy respetuosa de la inteligencia infantil.

En el polo opuesto, Midori-ko dista de ser un título para niños; sí en cambio seducirá a los adolescentes amantes del futurismo nada tranquilizador. En este caso, la fantasía inicial de una nena vegetariana abre las puertas a un relato de ciencia ficción donde los hombres crean verduras extrañamente carnosas para combatir la escasez de alimentos.

Más de una década de trabajo y cerca de treinta mil dibujos necesitó Keita Kurosaka para contar esta fábula grotesca que protagoniza la misma niña ya crecidita, y rodeada de seres mutantes dispuestos a comérselo todo, incluso a esta vecina esmirriada. Las ilustraciones parecen hechas con crayón, y la técnica de animación evoca cierta tradición artesanal (que algunos espectadores preferimos en detrimento del sobrevalorado efecto 3D).

Hasta el sol es retratado de manera inquietante en la difícilmente olvidable Midori-ko. Los interesados en el fenómeno onírico no deberíamos extrañarnos: sabemos muy bien cuán difuso es el límite entre sueño y pesadilla.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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