Snowtown

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Especial. Cobertura BAFICI 2012
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Al menos por estas latitudes en las antípodas de Oceanía, Snowtown confirma la creencia de que el cine australiano y neocelandés tiene debilidad por las historias violentas: Mad Max es tal vez el primer antecedente y El amor y la furia o Once were warriors, el segundo. En este caso, la película de Justin Kurzel cuenta los entretelones de los asesinatos seriales cometidos entre 1992 y 1999 en la ciudad aquí convertida en título.

El largometraje suscripto a la competencia internacional del 14º BAFICI (a esta altura ya se sabe que no figura entre los ganadores) nos pone en la piel del adolescente de 16 años devenido en cómplice involuntario (si se me permite la contradicción) de la mayoría de los once actos de tortura seguidos de muerte y ocultamiento de cadáveres. El punto de vista elegido impide el desarrollo de argumentos facilistas que explican la conducta criminal como propia de monstruos ajenos a la especie humana.

Al contrario, Kurzel hace hincapié en el contexto donde madura la psiquis del protagonista: no sólo el entorno familiar donde, bajo la apariencia de una nueva figura paterna, irrumpe el autor material e intelectual de los crímenes sino de un ambiente sociocultural signado por el fanatismo religioso y por una combinación de verdades reveladas que reivindican la ley del Talión, y que por lo tanto justifican y alientan el ejercicio de una justicia por mano propia.

Además de los asesinatos que el film muestra sin piedad, asustan las reuniones barriales convocadas para armar listas de vecinos sospechosos, y para intercambiar opiniones sobre los suplicios que debería soportar un pedófilo u homosexual (qué diferencia hay) antes de ser ejecutado.

Las actuaciones de Lucas Pittaway y de Daniel Henshall (con su aire a Ricky Gervais) dan escalofríos, así como la fotografía de Adam Arkapaw. Por último, cabe destacar una excelente banda sonora a cargo del mismo director, y un guión cuyo origen literario (se inspiró en los libros Killing for pleasure de Debi Marshall y The Snowtown murders de Andrew McGarry) pasa desapercibido en una recreación absolutamente cinematográfica.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

4 respuestas a “Snowtown

  1. A mi me encantó “Snowtown”, la vi hace unos 6 meses y saqué la misma conclusión sobre el interés de los australianos en retratar personajes violentos.

    Hay que recordar quizás el caso más notorio, el del año 2000, y el semi-biopic de “Chopper”, la película de Andrew Dominik, que catapultó a Eric Bana hacia Hollywood, y que cuenta la historia de Mark Brandon “Chopper” Read, quien, luego se ser ex convicto se convirtió en escritor de novelas y rapero. Esto sumado a una que otra golpiza que propinaba a proxenetas, traficantes y otros criminales, le valió la posición de “ídolo” en ciertos sectores de la sociedad australiana. Básicamente era ya parte de la cultura. Salía en Tv, sacaba discos rimando y hasta logró un best-seller.

    Allí me quedo claro como venía la cosa con el cine australiano, los personajes que promueven justicia por su propia cuenta, y la gente que apoya esto (como el grupo de vecinos de Snowtown).

    Poco después me topé con “Not Quite Hollywood…” un documental que despeja las dudas sobre la violencia como parte del “folklore” cinematográfico de los australianos. Mad Max está presente en ese trabajo. Prácticamente las películas de mayor taquilla interna fueron en su momento el exploitation entre humor y violencia del cine australiano, pero por ser esto una mala publicidad para el país dejó de producirse. Eran cosas sumamente arriesgadas.

    Por cierto, La actuación de Bana (muy grotesco y gordo) en ese film, es posiblemente la mejor de su carrera.

    “Snowtown” es muy buena! No digo que sea exploitation australiano, pero tiene un par de secuencias que hará a más de uno girar la vista hacia fuera de la pantalla. Cuidado con eso!

    Buen post! 🙂 Chau!

  2. Gracias por tan interesante comentario, Juan. Evidentemente por lo que contás, existe una clara “tendencia violenta” en el cine australiano.

    Por otra parte, bien vale la aclaración sobre la potencia de ciertas escenas que, tal como señalás, algunos espectadores no nos atrevemos a mirar.

    Un saludo.

  3. Correcto! “Once were warriors” y “Chopper” se consiguen en un video club porteño llamado MASTER. Allí logré conocer las 2 películas, hace tiempo.

    Por otro lado, también está el caso de un australiano de peso en festivales (de hecho, lo nominaron a un Oscar) que se llama Taika Waititi, y que ha hecho un par de largos de mucha apariencia “indie” y llenos de humor y ternura. Es la otra cara. Hace cosas muy graciosas, lo recomiendo.

    En “Not Quite Hollywood…” conluyen que algunas de las películas que se han exportado en las últimas décadas no son precisamente la cara grotesca de Australia (el mismo film “Australia”, o la famosa “Crocodile Dundee”). “Mad Max” es sin duda la pionera, además que según este documental las películas australianas de los 70s y 80s son las que han logrado las mejores secuencias de persecución automovilística de la historia (las más complejas de rodar y las más peligrosas) …y es cierto!

    Dentro de este tipo de cine violento, obras como las de Baz Luhrmann no entran, y sin embargo es uno de los directores más famosos de Australia; al igual que Peter Weir. No cuadran con lo que pasa realmente en la línea de estilo que debería venir de Australia.

    Bueno, ya no escribo más! Me voy al BAFICI!

    Chau! 😀

  4. ¡No nos olvidemos de la neocelendesa Jame Campion como exponente de otro tipo de cine made in Oceanía, Juan! Al margen, tomo nota de tus recomendaciones: me dieron ganas de ver Chooper.

    Escribo desde la “sede central” del BAFICI así que, a lo mejor quién te dice, nos cruzamos por ahí. 😉

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