Les éclats (ma gueule, ma révolte, mon nom)

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Especial. Cobertura BAFICI 2012
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Ayer jueves tuvo lugar la última función de Les éclats (ma gueule, ma révole, mon nom), documental de Sylvain George que añade testimonios y aristas a la problemática inmigratoria en Europa (más precisamente en Pas-de-Calais, Francia) ya tratada en Qu’ils reposent en révolte, título ganador del premio FIPRESCI en el BAFICI del año pasado.

En la entrevista concedida a Espectadores a propósito de aquella primera presentación, el realizador se explayó sobre un proyecto iniciado en 2006, que comprende tres largometrajes y un diario de rodaje. La explicación confirma la relación de continuidad entre ambos films, y abre el paraguas ante algún eventual reproche del tipo «más de lo mismo».

Los «fragmentos» (éclats) que George comparte esta vez nos retrotraen a un mismo escenario y conflicto: un puerto fronterizo entre Francia e Inglaterra, y la permanencia ilegal de extranjeros indocumentados en tierra gala con la intención de colarse en el ferry o en algún camión de carga con destino al Reino Unido. No obstante, esta segunda parte incluye instancias sin tratamiento en Qu’ils reposent…: el proceso judicial previo a la deportación por ejemplo (cómo no pensar, en este punto, en Vol spécial de Fernand Melgar).

«La democracia admite testigos», vocifera un activista en protesta contra las razzias que la policía francesa realiza a altas horas de la madrugada, a espaldas de los medios (y del ciudadano común, por supuesto). La frase atinada revela la tesis del documentalista sobre una Unión Europea cuyas políticas públicas se encuentran en crisis, en parte porque crece cada vez más el modelo de Estado vigilante, opresor, excluyente.

Gracias a los créditos finales del documental, nos enteramos de que el subtítulo Ma gueule, ma révolte, mon nom (algo así como Mi jeta, mi revuelta, mi nombre) es un verso del poema Profecía del martiniqués Aimé Césaire. La cita refuerza aún más la postura política de una trilogía cuya segunda parte denuncia, concientiza y conmueve tanto como la primera.