La araña vampiro

————————————————–
Especial. Cobertura BAFICI 2012
————————————————–

Gabriel Medina parece quedarse corto con su cuento de terror y, por consiguiente con la fábula que suele esconderse detrás de estos relatos tal vez inspirados en la pluma de Poe, Maupassant o incluso de nuestro Laiseca. En este caso, la desventura que protagoniza un joven porteño depresivo tras haber sido mordido por una “araña vampiro” (de ahí el título de este film) reedita muy tímidamente rivalidades clásicas del género en cuestión: hombre versus animal; ciudad versus campo; ciencia o medicina versus sabiduría popular.

Ni Gerónimo es Peter Parker, ni la picadura inevitable lo convertirá en un súper hombre. Al contrario, el ataque mortal del bicho refuerza no sólo la neurosis del protagonista sino su condición de antihéroe.

Para algunos espectadores, pocas cosas resultan tan estimulantes como una trama que contraviene el mandato exitista de Hollywood. Por eso es una pena que La araña vampiro termine malogrando un comienzo prometedor.

[Pequeña nota mental: además del origen argentino y un lugar en la competencia internacional de esta 14ª edición del BAFICI, el film de Medina comparte con Los salvajes una involución similar.]

Martín Piroyansky y Jorge Sesán se esfuerzan por cubrir los baches de un guión cuyo mayor desacierto radica en el desmanejo de los tiempos narrativos, sobre todo cuando la segunda mitad de la película se estanca en la búsqueda del antídoto salvador. La intervención de un policía (¿guardaparques?) y los ruidos de la explotación minera (que explicaría porqué los bichos se vuelven locos) están más cerca de la parodia que del horror.

Dicho esto, es probable que La araña vampiro tenga altas chances de ganar alguna distinción en el marco del festival (de hecho varios de nuestros críticos ya la elogiaron públicamente). Por otra parte, también es probable que corra con menos suerte cuando se estrene en las salas comerciales.