Tomboy

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Especial. Cobertura BAFICI 2012
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Céline Sciamma y Zoé Héran no tienen nada que envidiarles a Alain Berliner y Geroges Du Fresne a la hora de dirigir y protagonizar la historia de un niño cuya identidad de género difiere del sexo que le tocó en suerte. Los espectadores que aún hoy recordamos Ma vie en rose quedamos absortos ante Tomboy, película de origen francés que compite -y debería ser favorita- en la sección internacional de la 14ª edición del BAFICI.

Directora y actriz componen una dupla difícilmente superable en esta crónica urticante para algunos sectores de nuestra sociedad. La diferencia con el tratamiento que sus colegas belgas le dieron al tema radica en el tono narrativo: Tomboy carece del registro crítico, a veces provocador, con recursos fantaseosos de Ma vie

Sciamma consigue expresar la ilusión y los miedos de Laure sin asignarles representaciones explícitas. En este sentido, Héran se revela como una actriz con todo el talento que les falta a muchos adultos. La acompaña en esta tarea increíble la todavía menor Malonn Lévana, que interpreta el rol de la hermana más chica (ambas reproducen un vínculo fraterno cómplice y reparador).

Tomboy conmueve profundamente sin recurrir a ningún golpe bajo ni exceso. Es más, si algo sorprende de este largometraje ganador del premio Teddy en el Festival de Berlín de 2011 es el relato mesurado, la ausencia de estridencias o melodramatismo en general asociados a una problemática delicada, devastadora para las familias sujetas a la héteronorma.

Aunque la hostilidad es un elemento de aparición inevitable (que la realizadora francesa reconoce), este film apuesta a un desenlace que enciende una lucecita de esperanza. Es tiempo de que esto suceda en un siglo XXI al que todavía le cuesta distinguir entre homo/transexualidad y enfermedad.