Los salvajes

————————————————–
Especial. Cobertura BAFICI 2012
————————————————–

Para algunos críticos corresponsales en el BAFICI, Los salvajes es «la» película argentina con destino de consagración. Y aunque anoche la presentación a cargo de Sergio Wolf sonó un tanto reticente, da la sensación de que los programadores del festival también le pusieron todas las fichas al trabajo de Alejandro Fadel pues lo seleccionaron para participar de la competencia internacional. Por otra parte, los aplausos escuchados al término de la proyección habrían ratificado la decisión.

Una vez más, quien suscribe no puede compartir los elogios generalizados (tal como le sucedió con Abrir puertas y ventanas, ganadora indiscutida en el último Festival de Mar del Plata). Es más, la crónica de una fuga carcelaria -de un instituto de menores en realidad- que deriva en una suerte de fábula simbólica resulta la propuesta más fallida de lo visto hasta ahora.

Es una pena porque el largometraje cuenta con tres grandes virtudes: la fotografía, la banda sonora y las actuaciones (en especial la de Sofía Brito). Los espectadores también percibimos el gran esfuerzo de producción, responsabilidad del mismo director y de Agustina Llambi Campbell.

A priori, el problema parece estar en el guión. Por un lado, en esta conversión abrupta de registros, por la cual empezamos asistiendo al retrato descarnado de cuatro adolescentes que consiguen escapar de un hogar correccional y terminamos padeciendo un relato interminable donde cada integrante del grupo inspira un cúmulo de alegorías insostenibles (la última sobre la condición animal del ser humano a partir de la identificación de Simón con los jabalíes).

En síntesis, Los salvajes es una película cuyo innegable potencial se pierde entre tanta pretensión ontológica. Dicho esto, la experiencia indica que tiene altas chances de ganar alguna distinción en la 14ª edición del BAFICI.