Medios y paritarias

En su edición de ayer, Diario sobre Diarios cuenta que «luego de muchos años los trabajadores de los diarios porteños están negociando paritarias con las empresas periodísticas». Según la misma fuente, ya pasaron nueve meses desde que delegados de diversos matutinos comenzaron una negociación unificada con la Asociación de Editores de Diarios de la Ciudad de Buenos Aires (AEDBA), entidad que nuclea a Clarín, La Nación, Página/12, La Prensa, El Cronista y Perfil.

DsD retoma información publicada un mes atrás en el blog Colectivo de Prensa y transcribe declaraciones del delegado Alejandro Wall. Además revela la existencia de un «plan de lucha (que) implica una primera instancia de quite de firmas para los próximos 16, 17 y 18 de marzo». Si tal medida se lleva adelante -explica el sitio especializado- ésta sería la primera vez que periodistas de los distintos diarios porteños coordinen una acción conjunta.

También ayer jueves, los trabajadores de Página/12 repudiaron a través de las redes sociales y en su propio espacio online «la actitud de la cámara que reúne a los diarios más influyentes del país, que con Clarín y La Nación a la cabeza, dilata desde hace nueve meses la negociación paritaria, y en particular la del representante de Página/12, que no reconoce la finalización del acuerdo de 2011 para evitar asumir su responsabilidad de negociar un adelanto que impida la depreciación de nuestros salarios».

Años atrás, Espectadores se refirió al «mito de la prensa sin dimensión sindical«, es decir, a la suerte de pacto de silencio mediático que invisibiliza los reclamos laborales de los periodistas. En aquel entonces, señalábamos la «fisura» que parecía producirse en este muro de contención gracias a una Internet dispuesta a difundir lo que las empresas mediáticas callan.

Hoy volvemos a constatar este fenómeno. También seguimos lamentando que los reclamos de los trabajadores de prensa tengan tan escasa visibilidad mediática, y sobre todo tan poca repercusión entre aquellos colegas erigidos en veedores públicos y en pretendidos voceros «de los sin voz».