Drive

Sería ocioso repetir los merecidos elogios que la mayoría de las críticas y reseñas locales le dedicaron a Ryan Gosling por su actuación en Drive (después de Secretos de Estado y Blue Valentine, la estrella ascendente vuelve a lucirse en la piel de un corredor de auto taciturno y border). Algunos espectadores preferimos, en cambio, señalar la identidad escondida detrás del matón Bernie Rose: Albert Brooks, comediante con trayectoria afecta a las producciones tontonas y cuya voz suele aparecer en Los Simpsons y en películas infantiles.

Los más atrevidos pensarán en Taxi driver como posible antecedente de esta inusual intervención (de hecho, el veterano actor consiguió el papel secundario de Tom en el clásico de Martin Scorsese). Curiosamente aquel largometraje también giraba en torno a un conductor… de tacho, cierto, pero con un perfil psicológico similar al de su sucesor rubio. En otras palabras, los dos son candidatos seguros a la misantropía patológica si no fuera por la ternura y el instinto protector que les despierta una chica desvalida.

Esto no significa que ambos choferes sean dos gotas de agua; tampoco lo son el proxeneta que interpretó Harvey Keitel y el mafioso a cargo de Brooks. Pero es curioso cómo el personaje de Bernie invita a ensayar un paralelismo entre la película del danés Nicolas Winding Refn y la de Scorsese.

La tipografía de los créditos de apertura y la banda sonora de Drive parecen inspirados en el cine norteamericano de principios de los ’80. Incluso algunas canciones evocan repertorios como el de Flashdance.

Este estilo retro -anacrónico, para algunos- choca (nunca mejor utilizado el verbo) con un retrato descarnado -para algunos, moderno- de la violencia mafiosa contemporánea. Esta suerte de colisión narrativa oxigena la típica fábula del antihéroe desgarrado entre el ejercicio de un individualismo extremo y el sacrificio por un otro (una otra) casi desconocido(a).

Volviendo al viejo Albert, no sólo el actor abandona sus pasos de comedia para encarnar a un mafioso despiadado, sino que su Bernie Rose cuenta que años atrás supo ser productor cinematográfico. Cómo no sonreír ante estos dos pequeños guiños cinéfilos que se suman a un tercero: la pantalla laboral del protagonista, una suerte de doble de cuerpo automovilístico.

Las actuaciones de Gosling y de Carey Mulligan y la enorme capacidad visual del guión de Hossein Amini y de las cámaras de Winding Refn quedan afuera de este post menos atento a la adaptación cinematográfica de la novela de James Sallis que a la inesperada reaparición del revelador Brooks. Perdón.