Caballo de guerra

Es interesante observar que, pese al presupuesto de que los animales son inferiores, el humano les atribuyó virtudes y defectos propios y exclusivos de él. La torpeza del asno, la fidelidad del perro, la nobleza del caballo, la satanidad del gato, la abyección del cerdo, etc. son valoraciones humanas conforme a las que se jerarquizó a los animales (…), y que permanecen vigentes para injuriar o exaltar a otro humano, en tanto que los animales, por supuesto, no se han dado por enterados. Tampoco sabemos lo que piensan acerca de nosotros pero seguramente no tendrán un buen concepto”.

Las palabras de Eugenio Raúl Zaffaroni en La Pachamama y el humano irrumpen en la mente de esta blogger mientras mira Caballo de guerra. De hecho, el retrato que Steven Spielberg hace del equino Joey parece ilustrar esta imperiosa necesidad de personificar a los animales, en este caso para exaltar diferentes aristas de la nobleza mencionada: la fidelidad, la solidaridad, el coraje, la determinación, el sacrificio.

El realizador norteamericano bate todos los récords de humanización cuando filma el gesto de reemplazar al compañero condenado a la ardua tarea de desplazar un cañón obús: a esta altura Joey se asemeja, no ya a un hombre, sino a un súper hombre. En este sentido sus antecesores Crin Blanca, el corcel negro e incluso Mister Ed pierden por goleada.

Casi dos horas y media dura esta adaptación de la novela homónima que Michael Morpurgo publicó en 2007. Además de un estilo narrativo redundante, los espectadores debemos soportar otras delicias hollywoodenses.

Para empezar, nos topamos con el típico gaje idiomático que neutraliza la condición multilingüe de un relato donde intervienen personajes de distintas nacionalidades (recordemos que la historia transcurre en la Europa enfrentada por la Primera Guerra Mundial). Aquí, escuchamos un inglés hablado con acento británico, francés, alemán según la trinchera donde se desarrolla la acción y la nacionalidad de los actores contratados.

Por otra parte, asistimos a una serie de golpes de efecto cuyo punto más álgido es la escena del galope a través de campos de batalla parcelados con alambres de púas. Spielberg nos refriega primero las laceraciones que sufre el caballo, después la moraleja antibélica generada a partir del encuentro excepcional entre dos soldados enemigos.

Da pena encontrarse con actores de la talla de Peter Mullan, Emily Watson, Niels Arestrup y Eddie Marsan reducidos a la mínima expresión. Al mismo tiempo irrita una banda sonora tan poco original o tan recurrente en los dramones cinematográficos del director de El color púrpura  (y pensar que el responsable John Williams es candidato a un Oscar).

Semanas atrás Spielberg propuso incorporar una categoría animal a la disputa por la tradicional estatuilla. Si los organizadores de la 84a edición le hicieran caso, Joey (cuyo nombre verdadero desconocemos) competiría con los perros Cosmo y Uggie, y Steven haría lobby a favor de su sufrido candidato.

Evidentemente, el ardid personificador que señala Zaffaroni cuando escribe sobre derecho ambiental también le sirve a Hollywood para seguir fabricando fábulas seriales sobre (súper)heroicidad humana disfrazada de proeza animal. Mientras tanto, Jean de La Fontaine se revuelca en su tumba.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

3 respuestas a “Caballo de guerra

  1. Uf, ¿siguen usando el recurso de hacer hablar a rusos, franceses y alemanes en “inglés con acento”? Pensé que era un recurso desprestigiado a esta altura, salvo en películas para nenes. ¿Tal vez sea el caso?

  2. Realmete es una película hartadora… Hollywood continúa menospreciando al espectador…. al menos al espectador foráneo… hay escenas tannnn repetidas… tan elementales… se estará poniendo viejo Spielberg o es víctima de alguna epidemia ya instalada por esos lares? La calidad de las estatuillas doradas va en decadencia año tras año…
    Saludos

  3. Efectivamente, Andrés: Spielberg usa ese mismo recurso. Al divino botón porque un nene tampoco se banca dos horas y media de película donde el caballo protagonista sufre más que Crin Blanca y el corcel negro juntos…

    “Steven Spielberg está acabado” se animó a escribir el amigo Jor El en esta reseña sobre Super 8. Yo no creo eso ni que esté envejeciendo, Daniela. En todo caso, me parece que su trayectoria es irregular y que Caballo de guerra prueba que no siempre filma/produce títulos de calidad. En cambio, con todos los reparos que pueda generar, la serie The Pacific nos recuerda que Steven es capaz de algo más.

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