Monica & David

Suscribamos o no al festejo importado, el Día de San Valentín o de los Enamorados sirve de excusa para recomendar Monica & David, documental sobre la vida marital de dos jóvenes norteamericanos con síndrome de Down. Además de enfrentarnos a una realidad que muchos desconocemos, esta producción de HBO derriba prejuicios frecuentes sin dejar de señalar asperezas y dificultades de una convivencia particular.

«Porque queremos protegerlos, somos los primeros en negarles derechos», reconoce la madre de Mónica ante una cámara consciente de la problemática a abordar. Aquí se trata, no de saciar la curiosidad malsana de mentes obsesionadas con la (a)normalidad, sino de plantear las complicaciones -a veces contradicciones- de una cotidianeidad atípica.

Apenas casados, Mónica y David se van a vivir juntos al hogar que la mamá de la esposa y su propio marido montaron en Miami. Los dos matrimonios conforman una familia ensamblada, cuya rutina gira en torno a las capacidades y roles de cada integrante. Los espectadores asistimos a los nervios de la mudanza, a la asignación de tareas domésticas, a roces y reconciliaciones de rigor. Poco a poco conocemos la historia de los protagonistas, contada por ellos mismos y por los seres queridos más cercanos.

Los progenitores expresan su preocupación por la vida sexual de la joven pareja, por el eventual deseo de ser padres, por cierta necesidad de independencia, por las posibilidades reales de insertarse en el mercado laboral, por los riesgos que corren en una sociedad torpe, cuando no adversa u hostil. Los flamantes esposos, en cambio, prefieren callar sus temores, sobre todo aquél referido a su devenir cuando quienes los cuidan dejen de estar.

Prima de la recién casada, la directora y productora Alexandra Codina no usa cámaras ocultas ni fuerza situaciones dramáticas. Al contario, la filmación se interrumpe a pedido de algún entrevistado visiblemente emocionado, o cuando los protagonistas se muestran superados por las circunstancias.

Monica & David prescinde del tratamiento edulcorado de la recordada serie Corky. Como toda historia de amor, ésta también muestra besos apasionados, abrazos contenedores, caricias reparadoras, miradas embelesadas. No necesita mucho más para conmover, y de paso derribar la indiferencia y prejuicios del espectador pretendidamente normal.