La invención de Hugo Cabret

My friends, I address you all tonight as you truly are: wizards, mermaids, travelers, adventurers, magicians… Come and dream with me”.
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“Amigos míos, esta noche me dirijo a todos ustedes como lo que realmente son: hechiceros, sirenas, viajeros, aventureros, magos… Vengan y sueñen conmigo”.

No cuesta nada imaginar en boca de Martin Scorsese las palabras que “papá Georges” pronuncia antes de la apertura del telón y de la consiguiente proyección cinematográfica. De hecho, el director norteamericano también reconoce la condición soñadora de quienes adoramos el séptimo arte, y nos invita a participar de la aventura de descubrimiento y reencuentro que propone con La invención de Hugo Cabret o Hugo a secas.

Un año antes de producir y dirigir este largometraje nominado a once premios Oscar, el autor de la legendaria Taxi driver ya había expresado su cinefilia en A letter to Elia. Con esta suerte de carta abierta, consiguió que algunos espectadores olvidáramos nuestros reparos sobre Elia Kazan y nos dejáramos llevar por el sentido tributo a un maestro y mentor.

En Hugo, el gran homenajeado es Georges Méliès y por extensión los primeros conquistadores del celuloide. Revelar las numerosas alusiones a realizadores, actores y títulos inolvidables le quitaría encanto a una propuesta tan mágica como aquel viaje a la luna pergeñado por el gran ilusionista francés.

Las mentes muy memoriosas reconocerán en Hugo Cabret los ojos azules del Bruno que se convirtió en amigo del niño con el pijama a rayas (además de cierto parecido a Elijah Wood en sus años mozos). Se trata del británico Asa Butterfield que asume con total naturalidad el rol protagónico secundado por el experimentado y siempre impecable Ben Kingsley.

Por su parte, Sacha Baron Cohen sorprende gratamente en un papel diametralmente opuesto al irreverente Borat. Sin dudas se destaca entre los colegas Jude Law, Christopher Lee, Ray Winstone y Emily Mortimer.

La reconstrucción de la estación de trenes y de algunas vistas del París de los años’30, los primeros planos de las entrañas de relojes antiguos y de un autómata tan enigmático como excepcional, la recreación de algunos trabajos recuperados de Méliès nos sumergen en la versión nostálgica de un pasado fundacional. Quizás en este punto exista alguna contradicción con el uso (prescindible, para quien suscribe) de la tecnología 3D: sin ánimo de descalificar sus efectos, es lícito volver a preguntar cuán significativos son.

En su nuevo largometraje, Scorsese también les rinde homenaje a la literatura (sobre todo a las obras clásicas de aventuras), al teatro e incluso al circo. De esta manera, recuerda el origen multidisciplinario del cine y señala el aporte que otros pioneros ofrecieron a nuestra ¿hoy empobrecida? imaginación.

Don Martin comparte la paternidad de Hugo con John Logan, guionista a cargo de la adaptación del libro original que Brian Selznick publicó en 2007. No obstante, es al director a quien queremos (lo queremos todavía más cuando lo descubrimos en un cameo). También es a él a quien le agradecemos la irresistible invitación a mirar cine… y a recuperar las ganas de soñar.

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PD. La invención de Hugo Cabret se estrenará en Buenos Aires mañana jueves 9 de febrero. Por favor, no se la pierdan.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

6 respuestas a “La invención de Hugo Cabret

  1. María Trataremos, por nuestro bien, de obedecer tu sugrencia.Hoy me toca Cappussoto.

  2. Vi Hugo ayer .
    Me pareció muy tierna ,pero muy llena de “homenajes “es decir de cosas q ya habia visto antes .Es decir ,a ver si me explico ;como si Scorsesse hubiera reunido todo lo q le gustaba de todo lo q vio y lo hubiera tratado de engranar
    Pero le faltaban piezas o le sobraban .
    De todas formas todos salieron contentos del cine y yo tb

  3. Días atrás leí o escuché que La invención de Hugo Cabret es la carta de amor que Scorsese le escribió al cine. La imagen me pareció muy acertada porque, evidentemente, las cartas de amor son muy personales: solemos privilegiar momentos compartidos, virtudes del ser amado, sentimientos más o menos confesos.

    En este sentido, me parece lógico que Scorsese haya querido homenajear a distintos realizadores, actores, afiches, escenas: todo un combo de retazos de amor, obviamente personales.

    Me alegra que hayas salido contenta del cine, Mabel. Un abrazo.

  4. No recuerdo haber salido triste de un cine.Aun con la peli q mas lloré en la vida (Dulce prisionera con Martin Sheen y Linda Blair )mi sensacion al salir era placentera .
    María al final de Hugo hay una canción cantada en francés .Sabés quien canta ?Busque en google y no lo hallé Me parecio la voz de Zas será?

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