La dama de hierro

En principio son tres los apriori(s) que impiden ver La dama de hierro como una película más: 1) los reparos que en general provocan las biopics políticas (y que por ejemplo experimentamos con las versiones de Nelson Mandela y John Edgar Hoover según Clint Eastwood); 2) el antecedente del bodriazo Mamma mía! en la filmografía de la directora Phyllida Lloyd; 3) la aversión que Margaret Thatcher genera en algunos espectadores, sobre todo en aquéllos de nacionalidad argentina.

Con estas taras a cuestas, resulta todavía más indigesto el ejercicio de repaso histórico a través de la lente del Alzheimer. Da la sensación de que los recuerdos adulterados de la ex Primer Ministro británica sirven para atemperar su personalidad fuerte, ambiciosa, intransigente. Cabe preguntarse entonces porqué el film se abstiene de atenerse al título elegido y de retratar a esta iron lady en todo su esplendor.

La enfermedad del olvido también sirve para excusar el revisionismo histórico que pone el acento en la condición femenina de la protagonista (en su notable ascenso en un medio eminentemente masculino) y relega a un segundísimo plano las implicancias nefastas de las medidas ultraconservadoras que Thatcher implementó en su país (así como Ronald Reagan en los Estados Unidos) y que fundaron los cimientos del actual anarcocapitalismo.

Como J. Edgar, el nuevo largometraje de Lloyd termina cubriendo con un manto de piedad al personaje abordado. Si no se tratara de Thatcher, es decir, sin el tercer apriori de nuestra introducción, muchos terminaríamos compadeciendo a esta pobre viuda senil, con hijos distantes (cuando no ausentes) y acosada por el fantasma del marido. Incluso admiraríamos su capacidad de trabajo, su compromiso patriótico y la sensibilidad oculta que por ejemplo aparece en la decisión de escribirles cartas de puño y letra a las familias de los soldados británicos muertos en Malvinas.

Es cierto: la nominada Meryl Streep sabe imitar muy bien (y además el maquillaje es menos contraproducente que el de Leonardo Di Caprio en J. Edgar), pero por momentos da la sensación de que la estrella norteamericana fuerza demasiado el acento british (cierta afección al hablar nos recuerda la personificación que en 2009 hizo de Julia Child). Por eso algunos espectadores preferimos las actuaciones de Jim Broadbent (como de costumbre), Alexandra Roach (la Thatcher joven) y Olivia Colman (la hija de la ex Primer Ministro).

Después de ver La dama de hierro, algunos cinéfilos nos acordamos de Ken Loach, Mike Leigh y de otros cineastas británicos que aún hoy denuncian las secuelas de la gestión de Maggie (pensemos por ejemplo en Clio Barnard y su The Arbor). Entonces nos consolamos con la ocurrencia de que en el futuro alguno de ellos filme otra biopic de Thatcher, tal vez menos apta para Hollywood pero con un mínimo rigor histórico.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

3 thoughts on “La dama de hierro

  1. Vi la peli en casa Hago la salvedad porq no es lo mismo q en el cine.
    Me gusto mucho ,pero claro a mi la Streep me gusta mucho ,asiq no soy crítica objetiva (Me gusto ella hasta en Mamma nia q es un bodrio .)Me encanta su capacidad de mutar estilos y su flexibilidad corporal .Me gustó el maquillaje de los dos protagonistas y el tomo pastel de la decoracion q contrastaba con la ropa y el labial fuerte de ella activa .
    Bien
    .M e parece q M S esta especialmente bien (aunq claro Meryl es tan bella y sensual q aunq se transfigure y caracterice y camine encorvada desborda ella por el trajecito rojo o bordeau)
    En cuanto al guión ,la incorporacion de sus alucinaciones ,me pareció un recurso para integrar al personaje simpático y ,contenedor del marido Esto le dio un caráter doméstico interesante y q en la realidad debe haber estado mas ausente en la vida de la Tacher q en la peli .Fue un matiz para darle intimidad a un personaje público y duro ,para q no nos quedemos solo con la imagen de la convencida conservadora ,capaz de todo desde ajustar gastos produciendo el mayor desempleo de la historia hasta de ningunear a sus colaboradores
    Se la ve política ,bien convencida de su conservadurismo necia ,aguerrida .obstinada ,determinada ,antipática ,fría sombría
    La parte de Malvinas me pareció q nos deja bien posicionados porq se aclara q fiue un “una fascista “la q declaro la guerra ,ante el despligue exagerado de GB Tb se aclara q los aviones argentinos dieron todo .Me gustó esa parte .
    El final la muestra sola lejana e impopular pero sin notarlo .
    Toda una filosofia de vida .

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