El juego de la fortuna

En estas tierras tan indiferentes al baseball, siete candidaturas al Oscar (una por mejor película y otras dos por mejor actuación) constituyen el mayor estímulo para ver El juego de la fortuna o Moneyball. Algún compatriota señalará con razón el protagonismo acordado a Brad Pitt y al ascendente Jonah Hill, y sin embargo las participaciones estelares extendidas a las figuras de Philip Seymour Hoffman y Robin Wright difícilmente consiguen contagiar la pasión cinematográfica por un deporte que los argentinos apenas entendemos.

Dicho esto, el guión de Steven Zaillian y Aaron Sorkin sí engancha (sobre todo en la primera mitad del largometraje) gracias al anzuelo matemático-estadístico que el libro original de Michael Lewis habrá desarrollado mejor. La ocurrencia de enfrentar la mercantilización abusiva, incluso destructiva, del juego bien puede despertar la curiosidad de nuestros hinchas de fútbol, enojados con una dirigencia a la que sólo le interesa el lucro.

La condición descartable de los jugadores, la angurria de los equipos más grandes, los esfuerzos de los más pequeños por arañar una pequeña porción de torta son algunos de los aspectos que aborda el director Bennett Miller. Esta lupa puesta en el negocio del baseball (aplicable a otros deportes de consumo masivo) distingue a Moneyball de por ejemplo Jerry Maguire, película protagonizada por otro galán (Tom Cruise) que en la ficción también trabaja con deportistas (en este caso representa a jugadores de football americano).

El film que Cameron Crowe dirigió década y media atrás se concentra más que nada en la vida personal del personaje. El romance con Dorothy Boyd/Renée Zellweger es tanto o más importante que el vínculo profesional con el jugador Rod Show-me-the-money Tidwell, interpretado por Cuba Gooding Jr.

En cambio, la propuesta de Miller invita a reflexionar sobre una doble naturaleza del deporte: como negocio (altamente lucrativo en el caso del baseball -o del football– en los Estados Unidos y del fútbol en Argentina) y como pasión (de quien lo practica y del hincha).

Con buena voluntad, uno puede resistir el pintoresquismo de El juego de la fortuna así como las más de dos horas de duración. Ayudan los aciertos del guión, la presencia de Pitt (aunque algunos habríamos preferido que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood lo nominara por su trabajo en El árbol de la vida), el descubrimiento de un nuevo Hill (¿es éste su primer papel serio?) y la pequeña intervención de Seymour Hoffman.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

2 respuestas a “El juego de la fortuna

  1. En un capítulo de “Los Simpson”, mientras padecía una restricción para beber, Homero asiste a un partido de béisbol y comprueba lo aburrido que es ver ese deporte si no es acompañado con la ingesta de alcohol.
    Tal vez (seguro) la vi con ese prejuicio: no me gusta el béisbol (bah, ningún deporte que se juegue con las manos), no lo entiendo, ni lo quiero entender. Lo tomé desde el punto de vista de fulbo argentino y es lo que hacen la mayoría de los equipos locales: manejarse con poca guita y con los jugadores con los que se cuenta, sin necesidad de hacer complicadas estadísticas. Me imagino acá a un nerd local exponiendo: “Riquelme escupe cada cinco segundos, lo que le hace perder tiempo a la hora de dar un pase, pero también tenemos el caso de Natalia Natalia (*), que no escupe demasiado, pero es un troncazo”.
    Pero, aún viéndola con una mirada local, la peli me pareció un embole, de larga duración y media endeble dramáticamente. Jonah Hill, lo mejor.
    Dos últimos aportes:
    Robin Wright aparece cinco minutos, como máximo, y también trabajó en “Rampart”, como actriz secundaria. Sin embargo, en una entrevista que le hicieron y pude ver, la halagan por su participación en dos películas taquilleras. Me pregunto: con eso ya está hecha? Paró la olla del 2011 con esas apariciones? Cuál es el salario mínimo, vital y móvil en USA? Tienen paritarias?
    La última y no jodo más: “Moneyball” se basa en la historia real de Billy Beane (Pitt). Mientras se cargaba la peli (si, fue antes de caer el compañero Kit Dotcom), busqué en Google y me salió un casi homónimo: Billy Bean, que, justamente, fue un jugador de béisbol y que tiene dos años menos que Beane. Lo singular fue leer que “en febrero de 1999, Billy anunció públicamente su homosexualidad y se convirtió en un portavoz de los Atletas homosexuales”. Me dije: “Bueno, quizás sea algo más que una peli misógina”.
    Al rato comprobé mi error.
    Buenos días y disculpas por la extensión del comentario.

    (*) No es cuestión de andar escrachando a nadie.

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