El árbol de la vida

Entre otras nominaciones, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood anunció antes de ayer la candidatura de El árbol de la vida para tres premios Oscar: a la mejor película, a la mejor dirección y a la mejor fotografía. Hasta entonces, en la extensa lista de distinciones que este film ya ganó, sobresalía la Palma de Oro del 64° Festival de Cannes, arrebatada a las aquí reseñadas Habemus Papa, La piel que habito, El chico de la bicicleta, L’Apollonide. Souvenirs de la maison close, Melancolía y a catorce aspirantes más*.

La inminencia de un nuevo reconocimiento revierte la decisión inicial de no comentar el largometraje de Terrence Malick, que la cartelera porteña estrenó cuatro meses atrás y que Espectadores apenas mencionó aquí y aquí. En ese momento quien suscribe no tuvo ganas de remar contra la corriente elogiosa; hoy tampoco pero las circunstancias terminan favoreciendo el impulso de agregarle un título a este primer repaso oscariano del año.

Sin dudas, The tree of life hace gala de dos grandes virtudes: la fotografía y las actuaciones. La primera supone la aplicación de una estética publicitaria que el trailer explotó especialmente. La segunda ofrece uno de los mejores trabajos de Brad Pitt, el desempeño habitual de Sean Penn, y la doble revelación de Jessica Chastain y Hunter McCracken.

El ejercicio filosófico también es interesante. O al menos la pretensión de abordar la existencia individual desde una perspectiva metafísica y universal: la de una Vida con inicial mayúscula que excede el coto del cogito cartesiano.

Para algunos espectadores, la ocurrencia de Malick muere en el intento. Concretamente en una explicación burda de la ponencia, que consiste en recurrir a imágenes del espacio exterior, lava volcánica, organismos unicelulares y en montar escenas de un misticismo estereotipado (fondo de lienzos blancos, marcos sin puertas convertidos en umbral del «más allá», playas libres de toda contradicción espacio-temporal).

El árbol de la vida pierde originalidad y contundencia con estos devaneos que además irritan al espectador alérgico a los documentales sobre los orígenes de la Tierra y la misteriosa condición humana. Algunos argumentarán que las secuencias geo/biológicas constituyen una suerte de poética cinematográfica; otros las consideramos una serie de lugares comunes innecesarios.

La larga lista de premios y nominaciones debería bastar para invalidar los reparos vertidos en esta reseña tardía. Por otra parte, quien suscribe se reconoce poco sensible a las incursiones filosóficas del cine norteamericano: Todas las vidas, mi vida es otro ejemplo de desencuentro.

Hoy jueves, el recambio semanal de la cartelera bajó The tree of life de nuestras salas, pero es posible que las tres nominaciones al Oscar oficien alguna futura reposición. De ser así, los fans de estos premios harán bien en verla para -por lo menos- pensar mejor sus apuestas.

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* En Cannes, el largometraje de Malick también venció a El artista. La oportunidad de revancha llegará el 26 de febrero en Los Ángeles, cuando ambos se disputen los títulos de «mejor película» y «mejor fotografía». Mientras tanto, el film de Michel Hazanavicius saca lustre con sus diez nominaciones.