Secretos de Estado

A no confundir Secretos de Estado, película de George Clooney que nuestra cartelera estrenó el jueves pasado con El ejercicio del Estado, largometraje de origen francés que se proyectó en el último Festival de Cine de Mar del Plata y cuyo desembarco porteño todavía no está confirmado. Además de poseer títulos similares, ambas propuestas coinciden en mostrar los entretelones de la actividad política: en el caso del film norteamericano, la interna de una elección primaria abierta.

Uno y otro trabajo sugieren que estadounidenses y europeos estarían experimentando una desilusión similar a la que los argentinos sentimos una década atrás con nuestros dirigentes. De ahí la necesidad de señalar -y eventualmente discutir sobre- los límites éticos en la carrera por el poder según la mirada de Clooney y en plena gestión de la cosa pública según la perspectiva del menos conocido Pierre Schöller.

Es más, algunos parlamentos de Secretos de Estado bien podrían aplicarse a nuestra actualidad. Por ejemplo el comentario sobre la mayor predisposición de los republicanos a «ensuciarse», en contraste con los inhibidos demócratas (los antiperonistas suelen observar esta diferencia entre el Partido Justicialista y el radicalismo o agrupaciones socialdemócratas).

Otros tienen más color local. Por ejemplo, aquél sobre el único pecado que no puede cometer un candidato a Presidente de los Estados Unidos.

En términos cinematográficos, The Ides of March (éste es el título original) despeja las dudas o reparos de quienes se resistieron a elogiar a Clooney cuando dirigió la igualmente interesante Buenas noches y buenas suerte. El también galán muestra condiciones poco valoradas por los jueces de Hollywood: sobre todo cierto ascetismo a la hora de contar y bajar línea.

Por su parte, Ryan Gosling se consolida como actor digno de papeles protagónicos (recordémoslo en Blue Valentine y en Lars y la chica real). Sin dudas, se destaca más allá del brillo que habitualmente emanan Philip Seymour Hoffman, Paul Giamatti, Marisa Tomei y el propio George.  

Mañana conoceremos los candidatos definitivos al Oscar. A priori Secretos de Estado no figura entre las favoritas: he aquí otra razón para considerarla.