La clienta

Cama para tres y El encanto del erizo son las dos películas que los espectadores argentinos enseguida recordamos cuando leemos o escuchamos el nombre «Josiane Balasko». La conocemos como actriz antes que como directora (de hecho el primer largometraje es el único de su autoría que se estrenó comercialmente en nuestra cartelera); de ahí la curiosidad que provoca La clienta, título que esta realizadora filmó en 2008 y que integra la programación actual del canal CityMundo.

En esta ocasión, Balasko convoca a la siempre versátil Nathalie Baye, a Isabelle Carré y al por nosotros desconocido Eric Caravaca para protagonizar la historia de un gigoló francés (según IMDb, así se tituló este trabajo cuando participó de un festival europeo y otro norteamericano). En este sentido, reedita la experiencia de Cama para tres, también atenta al surgimiento y ocaso de una relación triangular y a los límites del amor en principio perdurable.

Si en la ficción que Josiane co-protagonizó con Victoria Abril y Alain Chabat la amenaza era la rutina marital y la consecuente sensación de abandono, en La clienta el problema es económico: más precisamente, la nefasta combinación entre desempleo y endeudamiento. En la primera película, la intrusa rompe con la inercia en más de un sentido. En la segunda, la tercera en discordia dispone del dinero capaz de aplacar la angustia financiera.

Aunque con un papel secundario, Balasko también actúa en esta producción. Su personaje y quien se convierte en su pareja son los únicos que escapan al sistema perverso de clientelismo (con perdón del término tan sesgado que muchos compatriotas suelen utilizar cuando hablan de política).

Es que La clienta excede el marco de la prostitución masculina para criticar el consumismo de nuestra sociedad actual: aquél que nos sumerge en la cadena de préstamos/hipotecas y en sistemas de compra compulsiva como los Llame ya. Por supuesto, el otro gran tema es la soledad y la eterna búsqueda de ese amor en principio perdurable y que es tan difícil de encontrar.

Para terminar, recordemos que Balasko también escribe sus propios guiones. En esta oportunidad, cabe destacar la comodidad con la que encuentra un equilibrio inusual entre el drama y cierto sentido del humor. Sin dudas, ésta es otra virtud de la segunda película que -televisión paga mediante- nos permite descubrir su condición (menos conocida) de autora cinematográfica.