Las acacias

Designada mejor opera prima en el último Festival de Cannes, Las acacias no compite por ningún premio Astor pero sí participa de la sección «Autores» del Festival de Mar del Plata. Esta suerte de anticipo (el estreno comercial está agendado para el jueves 24 de noviembre) es una de las propuestas más enternecedoras de la muestra cinematográfica en general y de los títulos nacionales en particular.

Aunque aparenta ser una road movie, la película de Pablo Giorgelli es más bien el relato íntimo de un encuentro que se inicia y crece en la cabina de un camión transportador de madera. Lo que sucede fuera de ese espacio acotado importa poco en la historia de descubrimiento -y porqué no de enamoramiento- que protagonizan Rubén, Jacinta y Anahí.

La naturalidad con la que el guionista y director presenta, guía y preserva a sus personajes es una de las mayores virtudes de este trabajo hecho con honestidad y sensibilidad. El otro gran acierto tiene que ver con el irreprochable desempeño actoral de Germán de Silva y Hebe Duarte, y con la idoneidad a la hora de capturar los mejores momentos de la pequeña Nayra Calle Mamani.

Quienes solemos despotricar contra las producciones argentinas que estereotipan a los paraguayos celebramos la caracterización de Jacinta y del camionero de esa nacionalidad vecina, que comparte un almuerzo circunstancial con los tres protagonistas. Los mismos espectadores agradecemos la ausencia de otros lugares comunes que terminan fomentando sentimientos xenófobos.

Las acacias no es apta para los espíritus cínicos ni para los detractores del cine dispuesto a rescatar lo mejor de nuestra humanidad. En cambio, el resto de los mortales disfrutamos de la brisa de aire fresco que días atrás empezó en Mar del Plata y que en poco tiempo soplará en otros rincones del país.