Caño dorado

El próximo jueves 13 se estrena Caño dorado, película de Eduardo Pinto que propone un retrato de la marginalidad villera desde una ficción por momentos cercana al documental, por momentos al relato psicodélico. La puesta en marcha del Programa Nacional de Entrega Voluntaria de Armas de Fuego es el contexto real (o mediático) de esta otra aproximación a un mundo que el cine y la televisión suelen explotar para ofrecer un contundente cocktail de droga, sexo y violencia.

El film arranca con una estética de videoclip que presenta al protagonista Julito alias Panceta. La combinación entre una percusión al estilo Stomp y postales urbanas del traslado rutinario entre «centro» y «periferia» promete un ritmo adrenalínico y una potencia visual diluidos por un relato convencional.

El tráfico de «caños» o pistolas/rifles de fabriación casera y la escapada con una menor se disputan el nudo de un guión convertido en crónica de un cruce anunciado. Cruce literal, que tiene lugar en el Delta del Tigre, y cruce metafórico en cuanto a la condición border o paradelictiva del joven que encarna Lautaro Delgado (el periodista de Revolución: el cruce de los Andes).

En este sentido, Caño dorado recrea el típico pasaje del delito menor al crimen mayor (lo anticipan las apariciones alucinógenas de una suerte de diabólico monje negro). No falta nada entre una y otra instancia: acusación de corrupción de menores; intervención de una policía vinculada con el matón de barrio; cierto ejercicio voyeurista (por parte de un personaje absolutamente secundario); supersitición astrológica; intocabilidad de la figura materna.

Por si los clichés escasearan, la voz de Pitty Álvarez repite el estribillo «El ser humano está condenado a ser feliz» mientras la sucesión de imágenes apocalípticas sugiere exactamente lo contrario.

Según IMDb, el trabajo de Pinto data de tres años. De ser así, cometerán una gran injusticia quienes lo critiquen por aprovechar la redituable zanja que la catódica El puntero abrió este 2011 con tanto éxito.

De lejos, lo mejor de Caño dorado son las actuaciones del mencionado Delgado y de Tina Serrano (es un gusto volver a verla en la pantalla grande). También cabe destacar la fotografía a cargo de Daniel Sebastián Ortega.

Aciertos al margen, la propuesta de Pinto sabe a más de lo mismo en líneas generales. Tanto que algunos espectadores elegimos refugiarnos en el recuerdo de la por muchos motivos antagónica Nacionalidad villera.