La jugadora de ajedrez

A veces la televisión paga depara gratas sorpresas como la proyección de La jugadora de ajedrez (Joueuse es el título original). La película que Caroline Bottaro estrenó en 2009 tiene varios puntos en común con Rompecabezas, que Natalia Smirnoff presentó en el BAFICI del año pasado. Por lo pronto, ambas realizadoras cuentan una historia de emancipación femenina a partir de la pasión que provoca el descubrimiento de un juego de mesa.

Aún quienes vimos primero el largometraje argentino sucumbimos ante el film protagonizado por la siempre versátil Sandrine Bonnaire y el norteamericano Kevin Kline. Atención, fanáticos de Flashdance y The L word: Jessica Beals también interviene en un rol secundario.

Como de costumbre, la actriz francesa se luce en la piel de Hélène, empleada doméstica y mucama de hotel que revela sus distintas aristas a medida que avanza su interés por el ajedrez y la relación con uno de sus empleadores devenido en maestro. Impresiona la capacidad de Bonnaire para otorgarse y quitarse luz, sensualidad, belleza, intensidad según las exigencias del guión (dicho sea de paso, adaptación que la misma directora hizo de la novela casi homónima escrita por la alemana Bertina Henrichs).

Kline acompaña con igual ductilidad a su colega gala, y conmueve a partir de un personaje de pocas palabras. En este punto, cabe señalar una de las mayores virtudes de la película: la ausencia de parlamentos verborrágicos.

Algún espectador podrá reprocharle a esta propuesta un desarrollo y desenlace complacientes, además de una ligera tendencia al estereotipo (el exponente máximo aparece en la figura del organizador del primer torneo del que participa Hélène). Sin dudas pertinente, la crítica también debería reconocer el tino de dejar algunos hilos sueltos que evitan el happy end ñoño y que dejan librada a nuestra imaginación algunos detalles de la historia.

Según datos de IMDb, La jugadora de ajedrez nunca desembarcó formalmente en Argentina. Los interesados en verla deberán afinar la puntería del control remoto y apostar a las gratas sorpresas que a veces nos depara la TV.