Que mis palabras sean las suyas

“Ojalá pudiera escribir algo; creo que me haría bien”. Que conste, las palabras encomilladas no son mías, y sin embargo éste es uno de los artículos más personales de Espectadores. Por favor tomen nota de la aclaración quienes les huyen a los textos autorreferenciales.

Mi tía Cristina (la misma que mencioné a mediados del año pasado) concluye nuestra conversación telefónica con esa expresión de deseo. Enseguida pienso en la virtud reparadora de cartas y posts redactados con intención catártica: para descargar broncas, aliviar dolores, ahuyentar temores, confesar pasiones.

Antes de cortar, le sugiero plasmar en papel “lo que salga”. Pero luego en silencio me pregunto si el idioma alcanzará para liberar sentimientos cautivos durante más de treinta años. Elijo al azar el sustantivo “espera” y lo descubro raquítico, inconsistente, incapaz de contener una, dos, tres décadas.

Decididamente el término no alcanza para transmitir la incertidumbre, la angustia, los miedos (en plural), el sufrimiento que provocan la búsqueda de un hermano desaparecido en tiempos de dictadura y la inevitable confrontación con rumores/declaraciones/documentos que reconstruyen el calvario de secuestro, tortura, asesinato y abandono en una fosa común.

El derivado “esperanza” también le queda chico al cúmulo de sensaciones que generan la recuperación compleja de un sobrino apropiado y el desarrollo de un juicio hace días iniciado. El paso del tiempo conspira contra una reparación total, no tanto por la condición lenta o tardía de las revelaciones y de la causa judicial, sino porque a esta altura el duelo parece eterno.

En realidad no deberíamos hablar de “paso del tiempo”, sino de fenómeno atemporal que suena a limbo terrenal. “Además de justicia, quiero conocer a mi sobrino y por fin dar con los restos de mi hermano” asegura esta otra Cristina en un intento por concentrarse en el presente y futuro de una historia cuyo pasado trágicamente nebuloso aún hoy pesa, condiciona, sujeta.

Ése es su deseo más férreo, muy por encima del que inicia este post. “Que mis palabras sean las suyas” pienso yo, sin embargo, mientras redacto este texto e imagino que mi tía lo lee y se siente al menos un poco mejor. Ojalá.

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María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

9 thoughts on “Que mis palabras sean las suyas

  1. Hermosas palabras, María. No conozco a tu tía pero seguro la habrás emocionado con este post. A mí me puso la piel de gallina.

  2. Me emocionaste. Una sensacion rara me dio al leer este post. Como que este post tiene sentimiento y me hizo llegar, sentir.

    Salute!
    Nico

  3. Yo también espero que Cristina lea tu post,María,
    para sentirse acompañada y más querida que nunca.

  4. Gracias en primer lugar a vos, sobrina, por hacerme sentir tu amor por tu empatía con mi dolor,por contenerme con tus palabras y gracias a todos los que se “hiciero eco”.Fueron muchos años de busqueda, de dolor, de impotencia, desconcierto…que dejaron una herida que nunca termina de cerrar,como explicar tanta vida no compartida que nos robaron,Jorge Guillermo quedo chiquito en nuestros recuerdos como las fotos que tenemos desde que nació asta los nueve meses..Siempre estube segura de que estaba vivo, sabía que no mataban a los chicos, pero nunca pasó por mi mente que quien lo hubiera adoptado fuera la persona que colaboró en la tortura y muerte de sus padres.Hoy tengo algo muy claro puedo decir que los perdoné pero quiero un juicio justo(oportunidad que no le dieron a mi querido hermano)y un castigo acorde al delito cometido y estoy segura de que en un tiempo no muy lejano Jorge Guillermo buscará conocer sus raices….lo estamos esperando con mucho amor contenido…GRACIAS

  5. Qué hermosas palabras, María… ,y qué terrible historia… Y qué hermoso gesto para con tu tía. Otro gesto que confirma lo buena persona que sos. Ojalá la haya hecho sentir un poquito mejor o, al menos, acompañada. Un beso!

  6. María E.Bertoni: 10-09-11 Soy Amiga de tu tía y conozco de cerca todo el dolor por la pérdida de su hermano Luis a quien también conocí,pero debo reconocer que tu relato ¡tan conmovedor! me hizo acercarme a mi querida hermana-amiga y entender ,comprender aunque sea un poquito de su dolor esto que escribo lo estoy haciendo con muchas lágrimas en mis ojos y dolor en mi corazón,y como no tengo palabras de consuelo para expresarle, sólo hago lo que si sé hacer pedirle a Dios que le dé consuelo a ella y a toda su flía y su sobrino venga sus raíces de donde fue arrancado salvajemente.Soy la tía Etel como me dicen los hijos de Cristina y tu mami me conoce,cariños para ella y Besos p vos La tía ETEL

  7. Que NUNCA MÁS suceda algo así, Tía. Y que además se haga justicia, con la consecuente recuperación amorosa de tu sobrino.

    Un abrazo grande para vos y el agradecimiento para Luciana, La Resistente, Nico, Ariel, Martincho y JorEl, Etel por sus cálidas palabras.

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