Sensibilidad limitada

Cinco meses antes que Candela Rodríguez, Rossana B. R. también murió trágicamente a los once años. Sin embargo, la inseguridad de la que fue víctima no interesa a los grandes medios ni a la opinión pública.

A esta niña en situación de calle la atropelló uno de esos conductores que cierran las ventanillas de sus autos apenas intuyen el pedido de “alguna monedita”. El homicidio en principio culposo pierde por goleada ante un crimen perpetrado por la mafia narco, la piratería del asfalto y/o una red de trata. Lo mismo le sucede al relato con impronta burocrática frente a la crónica que promete sangre y sexo.

Es probable que quienes exigen la intervención de un Estado presente, resolutivo, represor ante la amenaza de “otra(s) Candela(s)” cuestionen la consolidación de cualquier política pública que pretenda terminar con el drama de las Rossana(s) sin apellido ni foto mediática. De hecho, las voces que piden mano dura suelen repudiar el llamado “asistencialismo” o “clientelismo” político.

Para estos compatriotas, nuestros gobiernos sólo deben intervenir ante un tipo de crimen con toda severidad (si es con pena de muerte, mejor). Combatir el infanticidio que cometen distintos actores de la sociedad (incluso el ciudadano raso que atropella con su auto por escaparle al pedido incómodo) es responsabilidad del libre mercado, Dios y en última instancias de empresas, ONGs e individuos dedicados a la distribución de sobras y limosnas.

Desde marzo pasado, nadie manifestó por Rossana B. R. Nadie le escribió cartitas ni le dedicó afiches. Nadie pegó el típico cintillo negro en Facebook. Ningún famoso convocó a una marcha para repudiar esta muerte prematura y/o para proteger la integridad física y anímica de los chicos de la calle.

En casos como éste la Seguridad y la Justicia pierden sus iniciales mayúsculas y se convierten en términos relativos. Evidentemente los niños tampoco son todos iguales en una sociedad con sensibilidad limitada.

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PD. La redacción de este post se inspiró en el artículo “Muertes menores” que Roxana Sandá escribió para el suplemento Las 12.

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María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

14 thoughts on “Sensibilidad limitada

  1. Bueno…en la misma esquina donde algunos niños en situación de calle no pueden lograr ser visibles, y son maltratados por nosotros que subimos las ventanillas, aceleramos y los ponemos en una situación de riesgo aún mayor a la que ya tenían…en esa esquína, probemos soltando un perro, y veremos como el tránsito se frena e inmediatamente nuestro comportamiento de ciudadanos indiferentes cambia al de automovilistas bondadosos que frenan y se muestran solidarios y preocupados ante la indefensiòn del pobre animalito.

    Sí. Los valores que quisiéramos tener y defender son mas relativos de lo que nos gusta. Toda reflexión sobre el tema es bienvenida ¿no?

  2. Tristísimo, la verdad. Además es muy conmovedor tu texto, María.

    Es cierto lo que escribe Jorge sobre la solidaridad con los perros antes que con estos chicos. No lo vemos solamente en una misma esquina sino en general, en una sociedad donde las mascotas ocupan un lugar tan privilegiado en el corazón de personas insensibles a ciertas realidades que consideran designios de Dios o consecuencia de “estos negros de mierda que procrean sin responsabilidad” como escuché alguna vez.

  3. Tambien, si te pide una persona bien vestida, no borracha y sin suplicar (y si es mujer, mejor), una moneda para el colectivo, uno con gusto se predispone a mostrar nuestro monedero y darle lo que necesita, inclusive si quiere monedas para la vuelta.
    Hablando a nivel social, yo siento y veo que si “no sos del sistema” no existis y “tengo el derecho” de ignorarte y maltratarte, y si te hice mal, “jodete”.

    Dime donde vivis, de que vivis, de que trabajas, quien es tu familia, y te dire que “justicia” y “trato” te toca.

    Eso si, despues esa misma persona se llenan la boca de los derechos humanos, la seguridad, la justicia y que la culpa la tiene el Estado y el gobierno corrupto, si un borracho le mea la vereda (hablando ironicamente y exageradamente).

    Salute!
    Nico

  4. Es llamativo como el común de los padres se sienten tocados directamente por casos como los de Candela pero no por Rossana. La respuesta es muy simple: lo que en verdad los afecta es la delincuencia (mal llamada inseguridad, termino completamente egocéntrico) y no la sensibilidad social. Se sienten identificados con el caso Candela porque creen que les puede tocar a ellos, que rapten a tu hija en una esquina. Ya con esos niveles de delito “no se puede vivir”. Pero nunca sus hijos estarían pidiendo limosna en una esquina. Comparto con Nico su reflexión sobre “si no sos del sistema”, tiene mucho que ver con esto.

    Desde hace tiempo que el termino sensibilidad social es que uso para finalizar cualquier exposición sobre ideas políticas. Lo resume todo. Me alegra que María lo haya usado para titular el articulo. La postura que uno tome sobre la coyuntura actual dependerá fundamentalmente del nivel de sensibilidad que uno tenga ante la injusticia, la desigualdad y la opresión (siempre creí que de existir una definición sobre lo que es ser de izquierda, debería ser algo cercano a esto último).

    Sin duda, un símbolo profundo de no sentir todo esto es usar a menudo palabras como: negros de mierda, vagos, clientelismo, populismo. No se dan una idea cuantas personas no comprenden el asistencialismo y dicen que “acá tomás un parque y te dan una casa”. Incluso muchos que votan a CFK.

    Por último, y no me extiendo más, algo que me da vueltas en la cabeza hace tiempo es si mediante el debate, si dando discusión, se puede modificar la sensibilidad de una persona o de un grupo grande de personas. No encuentro una respuesta pero tiendo a creer que no. Parto de la base de que uno necesita de cierta experiencia personal de desigualdad e injusticias pero esto no es excluyente. Sin embargo, estoy convencido que esto no se logra mediante un proceso de racionalización como puede ser el debate político y social. Que se necesita para lograr, por ejemplo, que los porteños se detengan, al menos un segundo, a ver la carita de la criatura que pide en el semáforo? Si no hacen esto no tiene sentido que debate sobre el rol del estado macrista en el sectores desprotejidos o reflexionar sobre que injusticias vengará ese chico cuando crezca y tenga la posibilidad de manejar un arma, o que fácil es hablar del paco y decir “que barbaridad” si nunca tuvimos hambre de verdad y bla, bla, bla.
    Gracias por abrir esta discusión tan necesaria!

  5. Jorge, Martincho, Nico, Alan, es muy poco lo que puedo agregar a sus comentarios. Sin dudas, la cuestión de la sensibilidad social da para largo y, como bien señala Alan, se trata de una ¿percepción? difícil de enseñar/inculcar.

    Al menos yo tampoco estoy segura de que exista un proceso o estrategia de racionalización efectivos. En cambio tiendo a pensar que es algo que “se mama” o, dicho de un modo menos metafórico, que se aprehende y aprende de chico, por imitación.

    Gracias por sus intervenciones a los cuatro y a JorEl.

  6. Alan, efectivamente ser de izquierda es eso que vos decís; yo le agregaría a la sensibilidad, la convicción de que la injusticia, la desigualdad y la opresión se deben modificar en las estructuras sociales, y no sólo conmoverse con el niño que nos pide una moneda, ya que muchas personas lavan su culpa de clase dando una limosna cada tanto, o haciendo beneficencia. Creo que compartirás conmigo esta aclaración 🙂

    Y también me pregunté varias veces acerca de la efectividad del debate para cambiar (no diría la sensibilidad si no la ideología) de muchas personas con las que nos toca discutir cotidianamente. Estoy de acuerdo con vos, pero también me di cuenta que igualmente no hay de abandonar el debate porque sirve para sentar precedente o plantar una bandera visible ante los que sienten que llevan el sentido común de la sociedad.

  7. Por escribir apurado me faltó un “de que” y algún otro error, pido disculpas…

  8. María,
    Si me permitís, quisiera compartís con quienes comentan estas reflexiones de Lucrecia Martel. Yo, como Aberel, como hago las mismas preguntas de Alan: ¿alcanza el debate? No, claro que no. Es un largo proceso que debe combinar discusión, educación, política, arte, y especialmente, la voluntad cotidiana de NO ceder.

    Los dejo con la voz de la gran directora de “La mujer sin cabeza”:

    “¿Con qué mecanismo tan perfecto y sofisticado hemos logrado no sentir, no tener ningún remordimiento a la hora de irnos a dormir o de estar comiendo, sobre todos los que no están en esta situación, sobre toda la gente que sufre, la gente que no come? ¿Cómo puede ser que esté tan acabado el sistema, como para que nos permita no hacernos responsables del dolor de los demás, o de la desaparición de los demás, como para que nos dé lo mismo?

    (…)

    Todo esto lleva años: en la escuela primaria, en la escuela secundaria, toda la educación de nuestra familia, la universidad… Son todas las preocupaciones diarias por las cuales no podemos preocuparnos, no hay tiempo para preocuparse de los demás… Y hablo de Latinoamérica, no de Tokio, donde puede haber un hombre muerto durante seis horas en el tren y nadie se da cuenta que está muerto, o lo que pasó en aquel hospital, donde aquella mujer cayó muerta en una guardia, y durante 24 horas nadie recogió el cuerpo. Los mecanismos de no ver, del olvido, los mecanismos para desentenderse son tan sofisticados, son además tan elegantes…”

    Lucrecia Martel
    (Fragmento de una entrevista publicada en la revista Lumiére.)

    “¿Qué hay más revolucionario que poder modificar la educación perceptiva o la forma de ver las cosas? Eso, a un individuo, es lo más revulsivo que le podés hacer. A mí me parece sumamente atractivo eso. Me interesa en el esfuerzo narrativo intentar desdomesticar la percepción. Ya con eso se ataca la moral, se atacan un montón de cosas que son como los pilares que sostienen esta gran mentira que hace sufrir a muchísima gente. Con ir poniendo pequeños petardos en esa gran estructura me parece suficiente. Me encantaría ser más contundente, pero me parece que no es lo que puedo hacer.”

    Lucrecia Martel
    (En una entrevista publicada en el blog El Pimentero).

  9. Aberel sumaste dos conceptos fundamentales: la diferencia entre caridad y justicia social y el principio por el que nos guiamos muchos de dar dar debate en cada ámbito que nos encontremos. Respecto al primero cometí el error de obviarlo.
    Eva Perón en “La razón de mi vida” (lectura obligada para entender el peronismo, les guste o no ya sea el libro o el peronismo) escribe: “Porque la limosna fue siempre para mí, un placer de los ricos; el placer desalmado de excitar el deseo de los pobres, sin dejarlo nunca satisfecho. Y para eso, para que la limosna fuese aún más miserable y más cruel, inventaron la beneficencia y así añadieron al placer perverso de la limosna el placer de divertirse alegremente con el pretexto del hambre de los pobres. La limosna y la beneficencia son para mí, ostentación de riqueza y de poder, para humillar a los humildes. Y muchas veces todavía, en el colmo de la hipocrecia, los ricos y los poderosos decían que eso era caridad, porque daban– eso creían ellos – por amor a Dios. ¡Yo creo que Dios muchas veces se ha avergonzado de lo que los pobres reciben en su nombre!
    Mi obra no quiere ser de “esa” caridad. Yo nunca he dicho, ni diré jamás, que doy nada en nombre de Dios.”
    Y respecto a su obra: “No. No es filantropía, ni es caridad, ni es limosna, ni es caridad social, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un nombre aproximado yo le he puesto ése. Para mí es estrictamente justicia. Lo que más me indignaba al principio de la ayuda social, era que me calificasen de limosna o de beneficencia.”

    Y sobre lo segundo lo obvié porque se que los que leen y escriben acá tienen muy asumida esa postura. De todas maneras es fundamental mencionarlo siempre. Gracias por completar mi idea tan pero tan bien! 🙂

    Caro gracias por los textos de Martel, son de una lucidez maravillosa. “Eso, a un individuo, es lo más revulsivo que le podés hacer” Que caridad sentimental y de pensamiento.

  10. Yo creo que nos producen mas rechazo los delincuentes que el delito. Se necesita la participacion de un “delincuente”, que cumpla con la caracterizacion de delincuente, para que un delito despierte nuestro rechazo. Diria mas, si tenemos al delincuente nuestro rechazo esta a disposicion mas alla de que haya delito.

    En cuanto a la sensibilidad. Tengo la impresion que no se logra con debate. Si queremos que los chicos de la calle dejen de sernos invisibles, a mi entender, tenemos que lograr que sean una excepcion. En la medida que desaparezcan, que uno solo vuelva a ser una “sorpresa” inaceptable, todos volveremos a ser sensibles. Es impensable que una sociedad sufra cada vez que ve algo que ve miles de veces diariamente. Hasta podria decir que esa insensibilidad nos protege.

    Compte Sponville tiene una buena definicion de solidaridad. (Se la lei a el, probablemente sea tan vieja como el termino). La solidaridad no es una virtud porque es puro interes, solidario es aquel que comprende que su destino es “solidario”, unido a, con el destino del otro y por eso ayuda a este destino con el interes de ayudar al suyo. Volviendo al tema, no creo que podamos sensibilizar al otro con una discusion pero si podemos hacerlo comprender de su situacion “solidaria” con los chicos de la calle. Y eso hara que por interes todos apoyemos la AUH, las politicas de proteccion, de asistencia, de educacion y, cuando haya un solo chico en la calle, seamos todos inevitablemente sensibles ante el. Como nos doleria ver agonizar una foca en la mitad de la calle corrientes aunque no tengamos ninguna sensibilidad especial hacia los animales.

  11. Buenas tardes, María,
    Me parece que lo espeluznante del caso de Candela es el ocultamiento que hizo la misma madre de los móviles del secuestro y del mismo asesino. En realidad, no recurrió a los medios para que se hiciera justicia y se identifique al culpable….intentó presionar al secuestrador, a quien ya conocía, para ver si le devolvían a la niña. Ahora que Candela apareció muerta, nadie está interesado en que salga a la luz el culpable (y menos la madre), porque violó los códigos que se manejan en esos ambientes. A tal detenido no lo conoce, se encuentra una prenda y no la reconoce…., porque si no, seguirán los ajustes….. Esa es la gran diferencia con los otros casos.
    Hasta luego
    Stella

  12. Dos observaciones a tu comentario, Stella…

    1) Este post va más allá de casos como el de Candela (permitime definirlos como “desaparición y posterior asesinato de un/a menor”). De hecho, los distingue de otras muertes precoces que jamás llegan a los medios masivos y que no interesan a la opinión pública, como el de Rossana B. R (te invito a releer el post y a leer el artículo escrito por Roxana Sandá que linkeé desde el mismo texto).

    2) Acerca de la madre de Candela, leí/escuché conjeturas periodísticas que suenan tan especulativas como gran parte de toda la cobertura mediática alusiva. En cambio, nunca tuve y sigo sin tener acceso a información que valide de manera rigurosa (es decir, creíble) tus afirmaciones sobre la conducta de Carola Labrador. ¿Podrías compartir tus fuentes por favor?

    Un saludo.

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