Rita y Li

El jueves 1º de septiembre es la fecha reservada para el estreno porteño de Rita y Li, película argentina que Francisco D’Intino filmó en la primavera de 2009 en la ciudad de Santa Fe. Julieta Ortega y la hasta ahora desconocida Miki Kawashima protagonizan la historia que el mismo director escribió con Héctor Grillo, y que llevó «un proceso de dos años y medios de gestación«.

En contra de lo que algún desprevenido pudiera imaginar, el título elegido no anuncia ningún homenaje a esta cantante brasileña. En cambio, sí admite una tímidísima relación con esta otra dupla de mujeres cinematográficas.

Después de todo, D’Intino también propone una fábula feminista de amistad y liberación donde los hombres juegan papeles irrelevantes (como el vecino que encarna Antonio Birabent o el cafetero a cargo de Enrique Dumont) y en ocasiones nefastos (como el Ferreira de Juan Palomino y el Don Antonio de Juan Manuel Tenuta). Hasta aquí la osada comparación con Thelma y Louise.

Sin dudas, el director argentino es algo más piadoso con sus heroínas que Ridley Scott con las suyas. De hecho, si bien las somete a experiencias traumáticas (que los espectadores no vemos porque ocurrieron en el pasado o porque son apenas sugeridas), al menos les depara un destino promisorio.

Por otra parte, la historia de amistad entre dos jóvenes inmigrantes ilegales y solas crece poco entre estereotipos mal concebidos (Ortega compone a una paraguaya con acento más caribeño que guaraní) y giros narrativos previsibles (por ejemplo, la falsa solidaridad de Ferreira y Don Antonio) que caricaturizan, no sólo la idiosincrasia y el desamparo de las protagonistas, sino los defectos de una Argentina signada por la inseguridad y cierta tendencia xenófoba.

Rita y Li trasunta el esfuerzo que suponen los dos años y medio de gestación mencionados. Quizás sea esto lo que más conmueve de un trabajo con pocos aciertos y bajo la inevitable sombra de antecedentes que por razones obvias también incluyen a Un cuento chino de Sebastián Borensztein.