«Un inmenso gracias que no me cabe en el corazón». Cristina dixit

«Un inmenso gracias que no me cabe en el corazón». Con esta metáfora, Cristina Fernández de Kirchner inició el discurso que dio como candidata presidencial tras el anuncio de los primeros resultados de las tan temidas/ resistidas elecciones primarias. A continuación, algunos de los puntos sobresalientes del speech en el bunker del Frente para la Victoria.

  Las primeras elecciones primarias constituyen un hecho histórico que amplía la democracia, y que constituye una auténtica reforma política. Siento orgullo por haber podido coronarla porque la soñé siendo senadora opositora.

Los argentinos estamos dando una lección de democracia, no sólo en términos de participación ciudadana sino porque todos los partidos políticos han podido acceder democráticamente a los medios audiovisuales de comunicación y a la difusión de sus programas y candidatos.

El peso específico de los medios es imprescindible. Hasta esta elección, sólo podían acceder a la gran difusión aquellos partidos con el patrimonio suficiente. Hoy también podemos hablar de la igualdad de los partidos políticos. No es una cuestión menor, porque esto permite comenzar a construir la autonomía de la política del poder económico. Es casi una cuestión de supervivencia social, para que no haya un pensamiento y una teoría únicos.

Además de cuidar la democracia política, debemos cuidar la democracia económica, que también es constructora de igualdad.

Saludamos a las otras fuerzas políticas que también concurrieron a hacer su propuesta a la ciudadanía.

Apostamos a la continuidad del proyecto político que nació el 25 de mayo de 2003 y que pudo transformar a un país devastado.

No esperen de mí en esta noche maravillosa ninguna palabre que ofenda, menoscabe, agravie. Necesitamos la unidad de todos los argentinos para seguir trabajando. Más humildad que nunca; más trabajo que nunca.

Convocamos a todos los argentinos y a todas la fuerzas políticas porque el mundo es un gran tembladeral. Necesitamos de una dirigencia unida, cuya tranquilidad y sapiencia nos permitan seguir sobrellevando con éxito el desastre de 2008 y la crisis de 2009. Imitemos hacia dentro lo mismo que están haciendo los países miembros de la UNASUR.