Super 8

Por Jor El
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Steven Spielberg está acabado. Tal vez un tanto apresurada, la conclusión se desprende de Super 8, largometraje que este peso pesado de la industria cinematográfica no dirigió ni escribió pero sí produjo.

El film narra una historia típicamente hollywoodense, en esta ocasión ambientada en un pueblito norteamericano de los ’70 y protagonizada por cuatro amigos adolescentes y una joven que se proponen realizar un cortometraje para un concurso escolar (de hecho, el título alude al formato de las películas –ocho milímetros de ancho– que algunas cámaras de mano utilizaban ya en aquellos años).

Al término del film, uno se pregunta si el guionista y director J.J. Abrams no habrá concebido su propio trabajo como un proyecto de colegio secundario. Por lo pronto ésta es una propuesta a mitad de camino entre E.T. y Los goonies, y que ni siquiera llega al nivel de _________________________________ (completar con algún título intrascendente).

No la miren ni cuando la pasen un sábado a la tarde por televisión. Para justificar mi advertencia, revelo un solo secreto: aquí también interviene un extraterrestre que tiene hambre y miedo, y que sólo quiere volver su casa.

Por si esto fuera poco, Super 8 es lo más estridente que escuché en mi vida. Rompe los tímpanos, y no por el volumen propio de las salas de cine, sino por los chirridos insertados para llenar/disimular el vacío de la trama, al punto de que en algunas escenas la gente se tapa los oídos para no sufrir.

Quizás lo único que puede decirse a favor es que la película está bastante bien filmada. Pero el mérito no es de Spilbergo que -insisto- esta vez no escribió ni dirigió. Sólo produjo… una propuesta vergonzosa.