La paradoja de los críticos con baja tolerancia a la crítica. Otra anécdota radial

«Errores y horrores del programa del martes 26 de julio» es el título del mail que ese mismo día envío al correo de Magdalena tempranísimo, y que transcribo a continuación.

Buen día,

Les escribo porque entiendo que Magdalena tempranísimo se dice un programa periodístico independiente, objetivo, y seguramente riguroso. Me sorprende entonces escuchar errores irreductibles a metidas de pata que todos cometemos, y en cambio atribuibles a cierta falencia metodológica (en el caso de Gustavo Noriega) y a una conducta poco afín a la pretendida imparcialidad (en el caso de Magdalena Ruiz Guiñazú).

Para no extender demasiado este mail, voy a recrear dos momentos del programa de hoy martes 26, que sólo escuché entre las 7 y las 8 AM.

El primero
Gustavo Noriega se refiere a la muerte de Amy Winehouse e, igual que ayer, vuelve a mencionar el álbum «Back to the blue» o «Back to blue» cuando en realidad el título del disco es «Back to black», como una de las canciones que integran ese CD. En Internet sobran las páginas web con información sobre la cantante británica (quizás la de Wikipedia sea una de las más completas); cuesta entonces entender que Noriega no haya verificado la pertinencia de sus datos antes de compartirlos al aire.

El segundo
Magdalena Ruiz Guiñazú comenta jocosamente la influencia del clima electoral en nuestros medios. La conductora ironiza sobre el título que «el diario oficialista» Página/12 le dedica al temporal de ayer («Le diluvió a Macri seis días antes del ballottage»); luego lo contrapone con la cobertura de Clarín (periódico que no califica, probablemente porque también lo crea independiente) sobre los trabajos que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires hizo en el arroyo Maldonado (se habrá referido a esta nota).

En su afán por criticar al «periodismo K», Magdalena confundió a Página/12 con Ámbito Financiero, verdadero autor del título comentado. Aún quienes no estamos suscriptos a la versión digital de este diario (nada oficialista) podemos encontrarlo aquí.

Los mismos internautas encontramos que, para cubrir el temporal de anoche, Página/12 eligió títulos tan inocentones como éste, éste y éste.

Aunque infundada, la mordacidad de Magdalena surtió efecto: Edgardo Alfano expresó su deseo de ser periodista K para evitar las consecuencias de la lluvia partidaria o partidista.

Escucho Magdalena tempranísimo todas las mañanas, camino al trabajo, durante una hora aproximadamente. Errores y horrores como los aquí señalados se repiten casi a diario (Gustavo Noriega ganaría una competencia de imprecisiones con perlitas como el indisimulable olvido de Carla Bruni cuando habló de Medianoche en París o cuando sostuvo que «El hombre de tu vida» se emite en la misma franja horaria que El puntero).

No es mi intención cuestionar la independencia y objetividad periodísticas que este programa se arroga (esto merecería otro mail mucho más largo). En cambio, sí me permito reclamar algo de rigurosidad profesional.

Atte.
María Bertoni
DNI 22.962.823
Ciudad de Buenos Aires

Al día siguiente, Gustavo Noriega me responde por la misma vía:

María, gracias por tu mail. Tomo nota de tus observaciones. Y aunque intuyo cierto placer de tu parte en encontrarle errores a los demás, no dejo de admitir que tenés razón. Tengo un problema realmente grave con los nombres y no siempre tomo la precaución de respaldarme con textos escritos en el momento de hacer uso de la palabra. Quizás sea un poco exagerado elevar mi distracción a «falencia metodológica» pero lo cierto es que la falla es mía. A lo mejor te discuto un poco la forma en que describís lo de Carla Bruni pero no es este el momento: hoy tomo nota de mis errores y uso tu mail como un llamado de atención.

Saludos.

Gerardo, digo Gustavo Noriega

Enseguida contesto con el siguiente mensaje:

Gracias por tu respuesta, Gustavo.

Errores cometemos todos. Sería muy necio de mi parte deleitarme con los ajenos.

Sí, en cambio, me permití señalar «desprolijidades» (si preferís llamarlas así) que en mi opinión revelan cierta falta de rigurosidad profesional. Sólo los memoriosos recuerdan con exactitud títulos, nombre propios, fechas exactas. Concientes de nuestra limitaciones, el resto chequeamos los datos antes de compartirlos con otros (publicarlos/difundirlos en términos periodísticos).

En ese punto radica mi crítica.

De nuevo, gracias por tus palabras. Esta mañana escuché (casi) todo el programa, atenta a una posible respuesta.

Saludos.
María Bertoni.-

Realmente aprecio el gesto de Noriega, por lo que reprimo la intención de comentar la paradoja de un periodismo tan atento a las faltas ajenas (si lo sabrán los políticos) y a la vez tan susceptible a las críticas que lo tienen por objeto. Por la misma razón, me abstengo de compartir la hipótesis de que tal vez el columnista de espectáculos haya proyectado su propia fuente de placer profesional en el mail de una oyente dis-gustada (separo el adjetivo a propósito para refutar el ¿sadismo? adjudicado).

A una semana de este intercambio de correos (más precisamente ayer jueves), Noriega me dedica la rectificación de unos datos televisivos (que no alcanzo a escuchar) en pleno programa al aire. Textualmente se refiere a «María Bertoni, que se ensaña en señalarme los errores».

Risas en el estudio. Magdalena bromea sobre las admiradoras de su colega.

Sin dudas, esta otra experiencia como radioescucha también es ilustrativa en términos periodísticos. Por un lado, confirma la paradoja mencionada (en general los profesionales de prensa toleran con dificultad la crítica a su propio trabajo). Por otro lado, señala cierta tendencia a la distorsión/magnificación (en este caso, Noriega primero acusa placer; luego ensañamiento).

En resumidas cuentas, ésta es una anécdota sobre la sacralización del oficio, fenómeno que abordamos brevemente en este cruce de comentarios y que explica cierta sensación de inmunidad además de la habitual tendencia a excusar errores y falencias profesionales a partir de algún rasgo de carácter (el adjetivo «desmemoriado» aplicaría a este caso).

Estuve a punto de dejar un mensaje en el contestador de Magdalena Tempranísimo y/o de escribirle un mail a Gerardo/Gustavo. Finalmente decidí publicar estas palabras en Espectadores, primero por una cuestión de espacio, segundo para reducir las chances de provocar una reacción que intensifique los reproches de placer malsano y ensañamiento.