El hombre de tu vida

El primer capítulo de El hombre de tu vida arrancó con casi media hora de atraso el domingo pasado. Por un lado, el programa (también nuevo) de Marley se extendió más allá de la hora señalada: las 22. Por otro lado, es posible que Telefé haya sido impuntual a propósito para aumentar las expectativas de un público hace días azuzado por una campaña de prensa favorable a la flamante comedia de Juan José Campanella.

A mediados de la semana pasada, los oyentes de Magdalena tempranísimo habrán escuchado al impreciso Gustavo Noriega* rendirle loas al preestreno de la propuesta catódica (el columnista de espectáculos dijo algo parecido a «si no gusta, habrá que concluir que la televisión argentina no tiene remedio»). El sábado anterior a la primera emisión, los seguidores de Nicolás Repetto habrán asistido al autobombo a cargo del propio Campanella en Sábado bus.

Sobre todo después del Oscar otorgado a El secreto de sus ojos, el ahora supervisor y coordinador de El hombre de tu vida es garantía de repercusión masiva. La sociedad con Guillermo Francella (así como con el aquí ausente Ricardo Darín) refuerza esta sensación de infabilidad y por lo tanto de prometedora rentabilidad para la industria nacional del entretenimiento.

La fórmula suena perfecta cuando además pensamos en la convocatoria a una actriz estrella por capítulo (el domingo le tocó a Virginia Innocenti), y en el protagonismo acordado a Mercedes Morán (cuyas escenas compartidas con Francella evocan este otro éxito de taquilla) y a Luis Brandoni (cuyo sacerdote parece una versión aggiornada del cura piola de Luis Sandrini en Pájaro loco).

Para algunos, perfecta. Para otros, difícilmente original.

Además de la sensación de déjà vu que provocan las duplas Campanella-Francella y Francella-Morán, la estrategia de invitación estelar evoca las series norteamericanas ambientadas en un buffet de abogados o en una guardia médica, y cuyos protagonistas también interactúan con el cliente/paciente de turno. Producida en Gran Bretaña, Extras de Ricky Gervais es el ejemplo mejor logrado -por lo tanto muy recomendable- de esta ocurrencia.

Por otra parte, el Hugo de Francella no es el único personaje contratado para seducir con fines más o menos nobles. Por lo pronto, más de un espectador recordará versiones similares, presentes en la hace poco estrenada Rompecorazones y en la más «añeja» La novia de mi mejor amigo.

Para evitar reacciones destempladas, conviene aclarar que nadie pretende acusar a Campanella de plagio ni desmerecer una propuesta superior al promedio de nuestra caja boba. Dicho esto, quien suscribe sí se permite señalar la indiferencia que El hombre de tu vida corre el riesgo de provocar entre los espíritus cansados de fórmulas repetidas y afines a una televisión más osada, con comprobable capacidad de innovación.

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* Sorprenden las imprecisiones de Noriega en el programa radial que conduce Magdalena Ruiz Guiñazú. Por ejemplo, cuando reseñó Medianoche en París, sus compañeros de trabajo lo dejaron aleteando tras preguntarle por Carla Bruni (cuya intervención le pasó totalmente inadvertida). Cuando se refirió a El hombre de tu vida, mencionó la competencia con El puntero, serie que El Trece emite los domingos (y miércoles) a las 23.