Tengo algo que decirles

Noticia bomba sería la traducción más acorde para Mine vaganti, expresión convertida en título de la película italiana que se estrenó el jueves pasado y que los distribuidores locales tradujeron con el más sugestivo Tengo algo que decirles. La frase en castellano anuncia la intención de una comedia sobre el cimbronazo familiar que provoca la revelación de ciertos secretos, y claramente destinada a defender el derecho de los hijos a una vida libre o liberada de las expectativas paternas.

El director y guionista Ferzan Ozpetek ya había abordado el tema de los mandatos en La ventana de enfrente con el drama de una mujer escindida entre el amor por un vecino y la fidelidad a su marido. Siete años después, la tensión entre deseo y deber ser vuelve a atentar contra la integridad de la sagrada familia occidental, porque amplía la exigencia de lealtad a la cuestión sexual (nada de contravenir la heteronormalidad) y al económico (nada de negarse a tomar las riendas del negocio familiar).

Ante todo, el film cumple con fines pedagógicos. Por eso la abuela es la primera víctima de esta contradicción y también la primera en reconocer la problemática de sus nietos (lección 1: sobre una sociedad tradicionalmente severa con sus integrantes díscolos). Por eso quien más se resiste a enfrentar una realidad sin dobleces ni secretos engaña a su mujer con una amante de larga data (lección 2: sobre el doble discurso de los moralistas).

Por eso distintos tipos de gay intervienen en la historia (lección 3: sobre la apariencia femenina/masculina de los hombres homosexuales). Por eso uno de estos personajes es estudiante de medicina (sus conocimientos académicos ayudan a impartir la lección 4: sobre la homosexualidad como caracaterística de personalidad y no como enfermedad mental).

Por si la bajada de línea no fuera lo suficientemente clara, don Vincenzo Cantone tiene un aire a George Bush hijo y los hijos Antonio y Tommaso son dos hombres hermosos, varoniles que nadie querrá discriminar. Por lo pronto, quien suscribe vio esta comedia en una sala colmada de señoras mayores belgranenses que sólo se impresionaron un poco ante el único beso apasionado entre el protagonista y su novio Marco.

La gracia del idioma italiano y las actuaciones de Riccardo Scamarcio, Alessandro Preziosi, Ennio Fantastichini, Ilaria Occhini, Lunetta Savino, Elena Sofia Ricci, Gea Martire disminuyen el impacto de una propuesta con líneas narrativas y argumentativas en general burdas. En este sentido, Tengo algo que decirles es más digerible que otras películas con intenciones parecidas pero con costurones aún menos disimulados (por ejemplo, ésta).

Quizás el largometraje de Ozpetek resulte esclarecedor, léase beneficioso, en una Italia más homófoba que nuestra propia Argentina (arroguémonos cierta superioridad basada en la aprobación del matrimonio igualitario). En estas tierras, es apenas un divertimento que sobre todo conmoverá a señoras mayores sensibles a la simpatía italiana, al buen porte de varones que por indicación de un guión hacen de gay, y a la posibilidad de que un personaje (Tommaso) legitime la fantasía de recuperación heterosexual.