De dioses y hombres

Conozco el desprecio con el que se considera a los argelinos. También conozco las caricaturas del Islam que alienta cierto idealismo. Es demasiado fácil atribuirse una buena conciencia identificando esta vía religiosa con el integrismo de sus extremistas.

Para mí, Argelia y el Islam son otra cosa, son un cuerpo y un alma. Lo proclamé bastante, creo, a sabiendas de lo que recibí, tras encontrar con frecuencia el hilo conductor entre el Evangelio aprendido sobre las rodillas de mi madre, mi primera Iglesia precisamente en Argelia, y el respeto por los creyentes musulmanes”.

Ésta es parte de la carta que el prior Christian de Chergé escribió como premonición de su destino trágico, y que aparece transcripta al final de De dioses y hombres, película estrenada el jueves pasado. El texto también sintetiza el lugar ideológico desde donde Xavier Beauvois propone un retrato de los monjes franceses asesinados en la Argelia de 1996,  irreductibles a la etiqueta simplista de “víctimas del terrorismo”.

“Soy un convencido de que esto también es responsabilidad del colonialismo”, comenta el uniformado preocupado por que los religiosos abandonen el país para salvar sus vidas. Esta sola frase invita a recordar la historia de una región sometida primero al yugo europeo y luego al enfrentamiento entre facciones nacionales/nacionalistas surgidas tras las guerras de resistencia y liberación.

Así como prescinde del estereotipo de Hollywood para caracterizar a los secuestradores, Beauvois evita convertir a los religiosos en estampitas. La entrega de los protagonistas no es ciega, sino lúcida, consciente de miedos, dudas, incluso del desencuentro momentáneo con Dios.

El también director de El pequeño teniente reivindica el ejercicio de una fe comprometida con lo que sucede aquí en la Tierra. De ahí que Christian, Luc, Christophe, Célestin, Amédée, Jean-Pierre, Michel, Paul evoquen a esa otra Iglesia que solemos olvidar cuando despotricamos contra las jerarquías.

[Cómo no ver cierto paralelismo entre estos monjes y nuestros padres palotinosEnrique AngelelliAlice Domon, Léonie Duquet e Yvonne Pierron]. 

Lambert Wilson y el entrañable Michael Lonsdale son los más reconocibles -y probablemente los más celebrados- por los cinéfilos argentinos. Sin dudas, ésta es una buena oportunidad para (re)descubrir a sus colegas Olivier Rabourdin (el Paul Gauguin de Medianoche en París), Philippe Laudenbach, Jacques Herlin, Loïc Pichon, Xavier Maly, Jean-Marie Frin entre otros.

Quizás el único reproche que pueda hacérsele a De dioses y hombres sea la extensión de más de dos horas. Por lo pronto, algunos espectadores habríamos preferido que la película terminara con la última cena de los monjes, cuando escuchan la pieza más célebre de El lago de los cisnes.

Caprichos aparte, éste es un largometraje altamente recomendable. Porque habla de heroismo y religión sin lugares comunes ni fórmulas fáciles. Porque propone una reconciliación entre occidente y el mundo árabe, aún a partir de una masacre. Porque permite el reencuentro con un director poco prolífico, y por lo tanto con escasos desembarcos en la cartelera porteña.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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