Sueños de una noche PRO

Anoche apago la TV después de conocer los primeros resultados electorales oficiales y me voy a la cama convencida de que al día siguiente (hoy) la distancia entre Mauricio Macri y Daniel Filmus será aún mayor. Probablemente por eso sueño con una ex compañera de secundario, una suerte de archirrival que terminé de detestar cuando en clase de Educación Cívica justificó la represión del ’76 con la expresión «hubo razones, hubo».

La sueño en mi lugar de trabajo, adulta, producida, exultante. Le adivino el gesto de celebrar la victoria PRO y le pido que no toquemos el tema. Insiste y le/me pregunto si estaré hablando en otro idioma. Vuelve a la carga y, en otro amague por evitarla, anuncio mi intención de buscar en la Web «cuántas versiones de chino mandarín registrará Internet».

Corte abrupto y aparezco en el living del departamento donde crecí. Es de madrugada, y una luz tenue se cuela por las persianas bajas.

De la nada entra en escena una nena rubiecita, de unos cuatro años, en pantuflas y vestida con un camisón blanco. Le pregunto, entre sorprendida y preocupada, «¿y vos qué hacés acá?».

Sin pronunciar palabra, el angelito señala la puerta de acceso entre el living y el pasillo que conduce a las habitaciones. Justo debajo del marco asoma la cabeza de una tortuga gigante que se las ingenia para cruzar el umbral e imponer su presencia a pocos metros de mi persona.

Cuando el quelonio (perdón por el tecnicismo) baja la cabeza para mirarme directo a los ojos, me despierto sobresaltada.

El primer sueño es más transparente que el segundo. El entusiasmo y la sonrisa radiante de mi ex compañera de colegio sintetizan la euforia que las cámaras de televisión transmitieron desde el bunker macrista. Probablemente mi inconsciente habrá recordado la frase que figura en la presentación de su página facebookiana -«I just hate the Kirchners» (así, en inglés)- y la habrá imaginado en la fiesta cumbiera de Costa Salguero.

La nena y la tortuga, en cambio, siguen desvelándome. Tal vez la edad de la criatura represente los cuatro años de administración macrista: en ese caso la chiquita encarnaría a la Buenos Aires PRO (ciudad rubiecita que sorprende y preocupa) y la mascota gigante sería una rara imitación del caballo de Troya (¿con soldados de uniforme amarillo adentro?).

Busco en mis registros conscientes y recuerdo a Edgardo Alfano, columnista radial de Magdalena Ruiz Guiñazú y nuevo co-equiper de Marcelo Bonelli en A dos voces tras la partida de Gustavo Sylvestre. Anoche intervino en la cobertura especial de TN: otra vez encontré su rostro parecido al de los parientes de Manuelita según la estética de García Ferré.

La tortuga gigante que irrumpe en mi hogar y que me interpela en un cara a cara ineludible se convierte entonces en referente periodístico. Por lo visto, los sueños de una noche PRO admiten más de una interpretación.