El caso Strauss-Kahn. De la marca registrada a la escasez de credibilidad

Será porque escribir «Dominique Strauss-Kahn» lleva tiempo y, sabemos, cada segundo cotiza en los medios. Lo cierto es que la sigla DSK parece haber desplazado al nombre completo del ex titular del FMI en gran parte de los artículos publicados por la prensa francesa. Así, como JFK a nivel mundial y CFK en Argentina, este acrónimo también se convirtió en una suerte de marca registrada.

El fenómeno periodístico-marketinero es tal que alcanza al rubro editorial, y en cualquier momento al televisivo y cinematográfico. Por lo pronto, en este artículo que redactó para L’Express, Anne Demoulin repasa los libros recién lanzados o próximos a lanzarse sobre el llamado «caso Strauss-Kahn«. También transcribe la opinión de un crítico de cine atento a una trama «ideal» para convertir en película, y coquetea con la posibilidad de un episodio alusivo en esta serie de televisón norteamericana.

Quizás lo que más sorprende de semejante ola mediática sea la autoría anónima de uno de los libros comentados. Se trata de DSK, la descente aux enfers o DSK, el descenso a los infiernos que escribió un o una tal Perséfone. Según la editorial responsable Democratic Books, el/la redactor/a endiosado/a a la griega pertenece al círculo íntimo del ex funcionario aunque, que conste, nunca «en el sentido bíblico del término».

Esta «testigo privilegiada del affaire» habría asistido al devenir «providencial» del hombre de la izquierda francesa y a su «zigzag» entre asuntos sexuales y del corazón. El uso del mítico seudónimo refuerza la metáfora infernal, y de paso explota la figura del «testigo potegido» en la jerga judicial y policial.

Tal vez las revelaciones vertidas en este libro pongan en peligro la vida de el/la falso/a Perséfone. Seguro el anonimato mantendrá a distancia a posibles vengadores y generará un misterio económicamente redituable: dos grandes ventajas que ocultan o al menos disimulan la escasez de credibilidad.