Cristina candidata

El anuncio de Cristina Fernández de Kirchner corrió como reguero de pólvora primero en Twitter. Después fue el turno de Facebook y de los medios online. Enseguida el servicio noticioso de Google se hizo eco de las publicaciones más rápidas, y también más escuetas.

Éste es apenas un post impulsivo, redactado con el ánimo de difundir la noticia (aunque Espectadores contribuya poco y nada en este sentido) y con el arrebato de quien celebra una buena nueva. Los lectores asiduos sabrán disculpar las torpezas de redacción; algunos obviarán la forma para concentrarse en el contenido (y eventualmente volver a acordar o a discrepar).

La crisis del campo se convirtió, en mi caso, en el punto de inflexión hacia un cristinismo al principio involuntario, generado menos por convicción que por rechazo al lock out de los señores de la Sociedad Rural y sus aliados políticos y mediáticos. La aprobación de la Ley de Servicios Audiovisuales y de la Ley de Matrimonio Igualitario, la realización de los juicios por la memoria, la puesta en marcha de la Asignación Universal por Hijo fueron algunos de los hitos que reforzaron el apoyo antes tímido y -perdón por la palabra- reaccionario (en el sentido más literal y menos acostumbrado del término).

Aún hoy prefiero definirme como anti-antiK antes que simplemente K, y sin embargo no puedo dejar de reprocharme el eufemismo. Quizás siga huyéndole a la inicial maldita mientras encuentre fallas en una administración kirchnerista, que por cuestiones laborales frecuento de cerca.

Sí, en cambio («y paradójicamente», agregarán algunos), me siento cada vez más vulnerable a la sigla CFK. Con perdón de los amigos y parientes que la odian, y cuyo odio por momentos me resulta tan difícil manejar (aún después de haber probado con la indiferencia, con la resistencia que llamo «gandhiana», con los pactos de silencio, con dolorosas e inconducentes agarradas).

Es probable que este post moleste, decepcione, indigne. Pero algo es seguro: éste es un post necesario, al menos para alguien que desconfía de los conceptos de neutralidad y objetividad mediáticas, y que por lo tanto cree en la subjetividad de su pequeño espacio virtual.

Para quienes visitan Espectadores con frecuencia, ésta no es una sorpresa. Pero los desprevenidos tal vez sepan valorar -y respetar- la aclaración de que la autora de este blog apoya la reelección de nuestra actual Presidenta.