Daniel y Ana

En Argentina, Daniel y Ana no tuvo chances más allá de su paso por el Festival de Cine de Mar del Plata en 2009. Nuestros distribuidores no habrán querido apostar al primer largometraje del desconocido Michel Franco aún cuando éste haya convocado al productor Daniel Birman Ripstein (sobrino del célebre Arturo) y al actor Darío Yazbek Bernal (medio hermano de Gael). Algunos espectadores, en cambio, sentimos curiosidad por una opera prima con cierto aire de familia.

En el último tiempo, faltan películas mexicanas en nuestra cartelera. Las de Alejandro González Iñárritu son las de mayor repercusión, en parte gracias al espaldarazo de Hollywood (recordemos el participación de Babel y Biutiful en la carrera por los Oscar) y a las consecuentes bondades de la globalización. Mientras tanto, quienes tuvimos el gusto de ver Alamar en el BAFICI de 2010 hoy seguimos esperando su estreno comercial.

Tal vez la joyita de Pedro González-Rubio termine proyectándose en algún canal premium de nuestra televisión paga. Al menos esta suerte corrió Daniel y Ana, que en estos días integra la programación de Citymundo.

En su opera prima, Franco cuenta la historia real (sobre todo el shock postraumático) de dos jóvenes hermanos, víctimas de un delito rara vez denunciado: la producción y comercialización de videos pornográficos cuyos protagonistas son personas secuestradas a las que violan u obligan a mantener relaciones sexuales delante de una cámara.

Al director y guionista mexicano le interesa mostrar las consecuencias más allá del daño evidente: el pacto de silencio entre los hermanos, el quiebre tal vez irreversible en Daniel, la imperiosa necesidad de superación por parte de Ana.

Aunque en este caso es forzada, la transgresión de un tabú tan fundamental como la prohibición del incesto admite una ligera comparación entre este título y Géminis de Albertina Carri. Por lo pronto, en ambas películas 1) los protagonistas son de familia bien; 2) los padres apenas sospechan que algo les sucede a sus hijos; 3) los hermanos mantienen una relación excepcional.

Hasta aquí las coincidencias.

Al margen de algunos reparos sobre las verdaderas intenciones de Franco (¿denuncia social, aproximación psi o simple morbo?), sin duda el joven director azteca tiene coraje: pocos cineastas se animarían a elegir un tema tan delicado para un debut profesional. Lo mismo puede decirse de los principiantes Yazbek Bernal y Marimar Vega.

Quizás nuestros distribuidores locales le hayan temido a tanta osadía. Por eso algunos argentinos descubrimos Daniel y Ana recién dos años después de su paso por Mar del Plata, gracias a la televisión premium.