Los periodistas argentinos en su día, más retóricos que autocríticos

Para algunos compatriotas, el artículo «disparador» que Marcelo Moreno publicó el domingo en Clarín fue un adelanto de lo que, hoy martes 7 de junio, escucharemos y leeremos en los grandes medios nacionales (autodefinidos «independientes») sobre el Día del Periodista. La misma lógica sugiere que Eduardo Aliverti habría anticipado las principales reflexiones de la llamada «prensa militante» con la columna que el sábado compartió en su programa Marca de radio y ayer lunes en Página/12.

De un lado, está el profesional que denuncia la «agresión sistemática» de un Gobierno empecinado en denigrar y amordazar «como si viviéramos en una dictadura». Del otro, está quien rechaza la «asepsia» corporativa porque, en todos los casos, primero se es «animal político» y luego periodista.

Más allá de cuánto acordemos con uno u otro autor, llama la atención que ninguno de los dos les haya dedicado una sola palabra a las condiciones laborales en las redacciones ni a la precaria aplicación (cuando se los aplica) de estatutos y convenios. Y eso que hace años sobran pruebas de esta tendencia: por ejemplo aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí.

Con razón, alguien podrá argumentar que el Día del Periodista no es el verdadero quid de la ponencias de Moreno y Aliverti. Se trata apenas de una excusa para, en el primer caso, denunciar la persecución oficialista (reduciendo las condiciones de trabajo en Clarín a las penurias infligidas por la administración cristinista) y, en el segundo caso, para arremeter contra los voceros del discurso corporativo (sobre todo contra Jorge Lanata).

La observación es atendible, salvo cuando volvemos a considerar la representatividad de ambos textos. Es decir, la posibilidad de que hayan anticipado la serie de alusiones más o menos directas que leeremos y escucharemos en un marco de conmemoración.

En este sentido, es problable que sólo los medios alternativos (ésos que Espectadores homenajeó en junio de 2007) adviertan sobre la nociva convivencia entre la depreciación salarial y el incremento de tareas asignadas (ay, los grilletes de la era digital). O recopilen síntomas e indicios de los efectos negativos que ambos fenómenos provocan en el desempeño de cronistas, columnistas, editores (desde este blog podemos aportar uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez entre muchos ejemplos).

En otras palabras, nuestros mayores comunicadores de alcance masivo rara vez abordan estos temas, o bien porque no les interesa (la precarización laboral no los toca) o bien porque en este presente les urge plantar bandera en la vereda que los representa. Quizás la primacía acordada a la retórica (en nombre de la independencia o militancia) por encima de la autocrítica define como nunca al periodismo vernáculo que hoy celebra su 201 aniversario.