La isla desierta

Post redactado por Ariel.
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Para ingresar a la sala donde se exhibe La isla desierta hay que hacerlo en fila, tomados del hombro de la persona que tenemos delante, y siempre guiados por los mismos actores: entre ellos videntes y no videntes.

Más no deberíamos revelar de esta adaptación teatral del texto de Roberto Arlt, que tiene lugar en la Ciudad Cultural Konex. De hecho, la sorpresa y el desconcierto que provoca una puesta en escena totalmente a oscuras son los mejores aliados de la propuesta a cargo del Grupo Ojcuro, dirigido por José Menchaca.

Nada es lo que parece sin iluminación, y esto puede corroborarse una vez que el espectáculo termina e inmediatamente se encienden unas luces tenues. Aunque identificamos el escenario, seguimos sin saber dónde se situaban los actores ni cómo hacían para transportarnos desde un galpón del barrio del Abasto a distintos ambientes, climas, lugares, sensaciones (en este sentido, la oscuridad es más generosa que la luz porque nos permite imaginar y viajar).

Resulta tan complejo definir el trabajo del Grupo Ojcuro que ni siquiera nos atrevemos decir “ayer fui al Konex a ver La isla desierta” en una charla informal. Es más, a partir de esta experiencia, habría que inaugurar una nueva terminología: quizás «teatro para sentir» no esté nada mal.