Idiosincrasia porteña (en el ascensor)

Quienes hayan visto la película de terror El ojo recordarán la escena en el ascensor, donde la protagonista advierte la presencia de un tipo parado al fondo, de espaldas a las puertas automáticas. Una vez que éstas se cierran, la cámara toma un primer plano de Mun, que a todas luces presiente lo peor, y luego se traslada a la nuca del desconocido que lentamente empieza a girar hacia la joven (y hacia los espectadores).

Antes de que el hombre termine de darse vuelta, la cámara desciende hasta sus zapatos que -oh sorpresa- se encuentran suspendidos a escasos centímetros del piso. A partir de esta revelación, los directores Oxide Pang Chun y Danny Pang muestran en forma alternada el rostro asustado de la muchacha, la cabeza del individuo que sigue rotando y los números del tablero que se encienden a medida que el ascensor escalona pisos.

Como la protagonista, nosotros también tememos un ataque sobrenatural.

Esta escena del film hongkonés vuelve a mi mente ante una ¿nueva? conducta detectada entre mis conciudadanos, la mayoría gente bian. De hecho, además de no saludar cuando ingresan a un ascensor, ahora muchos porteños dan ostensiblemente la espalda al compañero ocasional del traslado vertical.

Si nos identificamos con Mun, la situación es inversa a la que plantea El ojo: el desconocido ingresa cuando nosotros ya estábamos adentro, y gira deliberadamente para negarnos -no sólo la palabra- sino todo contacto visual. En términos psi, toda existencia.

Nadie pretende actos de trasnochada cortesía; ni siquiera cuestionamos el abandono del saludo (aunque ganas no faltan). Pero convengamos que es fea la sensación de saberse reconocido primero y ninguneado después.

“Los ángeles no tienen espalda”, justificará algún espíritu conciliador. Sin embargo, este giro porteño en los ascensores dista de tener implicancias divinas, y en cambio se convierte en otro ejemplo de inconducta que admite la clásica expresión “de terror” (vaya homenaje a El ojo de los hermanos Pang).

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María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

10 thoughts on “Idiosincrasia porteña (en el ascensor)

  1. Salvando la distancia, me pasaba algo por el estilo…
    Cuando trabajaba en el rectorado de la UBA, en la parte de sistemas, cuando me cruzaba algunos por la puerta de entrada o por los pasillos del recorado, ni la hora me daban, pero en cuanto a esas mismas personas iba y entraba a “su” oficina para solucionarle cualquier inconveniente con la pc o sus derivadas, por pocos me recibian como si fuera un pariente cercano, y si llegase a haber algun tipo de comida, me querian agasajar…
    Pero no me pasó nunca cuando empecé a trabajar en empresas privadas, hasta me saludaban y sigo saludando a gente que solamente me encuentro en los pasillos sin ni siquiera se que y en que sector trabajan…
    En fin… te comprendo perfectamente.
    Salute!
    Nico

  2. Encontré la escena que describís en You Tube:
    http://www.youtube.com/watch?v=NuSO-_XiToI&feature=related ! Si nos identificamos con el viejo, entonces Mun es la maleducada que apenas entra se pone de cara a la puerta del ascensor. Pero, claro, antes de entrar se fijó bien y no vio a nadie.

    No está mal pensar en la posibilidad de hacer como el zombie y acercarnos poco a poco a las personas que nos dan la espalda en una situación así. Flor de julepe se llevarían! El problema es que nos acusen de conducta psicótica o de acoso sexual.

    La mala educación se esparce cada vez más entre la clase media y medi-alta porteña. Se quejan de los villeros pero nuestros señores y señoras bien no predican precisamente con el ejemplo.

  3. Y si… los porteños somos creativos… creativos hasta para inventar nuevos gestos de mala educación…. ufff… otra más para el anecdotario…

  4. Vivo en un piso 11, los viajes en ascensor son algo rutinario para mi, ¡este es mi posteo! jajaja
    Igual yo no soy porteño, tengo todos los buenos modales y costumbres que pueda tener una persona (¿¿??)

  5. No todos los porteños somos mal educados… pero viví durante 25 años en un piso 17 y te puedo listar una infinidad de gestos irrespetuosos en el ascensor… la buena educación para con la sociedad, para con el prójimo va cayendo en picada… esto es una selva…

  6. che Yo soy porteña .Saludo cuando subo al colectivo pero no saludó siempre q subo a un ascensor .Si voy acompañda sigo en lo mío .
    Es mala educacion no haberse percatado ???

  7. Nico, Daniela, Andrés, Mabel, gracias por sus comentarios, y a Martincho también por el link a la escena del ascensor. Podría escribirse otro texto sobre la manera (no tan fiel) en que recordamos partes de películas.

    Este post no es tanto sobre el saludo como sobre la costumbre de ingresar a un ascensor y darles ostensiblemente la espalda a quienes ya están adentro. A lo mejor exagero, pero para mí es una actitud bastante desagradable: cuando la vivo en carne propia, inmediatamente me corro a un costado para no quedar de cara a la nuca de la persona en cuestión.

    Ahora bien, volviendo al tema del saludo, debo decir que los porteños, como la mayoría de los habitantes de otras grandes ciudades, tenemos un problemita. Entrar a un ascensor, o a una sala de espera, o a demás recintos donde hay gente exige decir un “buen día” o “buenas tardes” general, a modo de reconocimiento del otro.

    Al menos ésta es la educación que recibí de mis padres, nacidos y criados en el norte del país.

  8. Si bien soy porteño, me crie en Rio IV, y no perdi la costumbre del “Buen dia/tarde/noche”, “hasta luego”, “por favor”, “gracias”.
    Saludar no cuesta nada y hasta le podes poner de buen humor a la otra persona. Yo tambien vivo en un departamento y saludo hasta al que nunca vi, y muchas veces recibo una respuesta.
    Pero parece que es muy dificil sonreir, saludar. Parece que tenemos que vivir con cara de perro y malhumorado y faltar el respeto al otro…
    Salvando excepciones, tengo a mi hija de 15 meses (mierda que pasa el tiempo) y la tengo de compliche para que saluden, la estoy criando que cuando llegue a un lugar salude, y cuando se vaya tambien. Cuando alguien le da algo “gracias”. Y te digo que a mucha gente le cambia de humor y le sacan una sornisa, y hasta mi hija liga galletitas, facturas en las panaderias o chupetines en locales 😛
    Se me hizo largo el comentario y me fui de las ramas 😛
    Pero si, a los “porteños” le cuesta mucho saludar, pedir “por favor” y “gracias”. Aunque no reciba respuesta de la otra persona, nunca dejaré de intentarlo, y a mi hija, que va a ser 100% porteña, la educaré como ahora, saludando y las “gracias” (le cuesta decirlo, pero lo intenta).
    Salute!
    Nico

  9. Estoy con vos Nico! y también educo a mis hijos con el ejemplo (trato de que sea uno bueno… je!)

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