Rompecorazones

Aunque IMDb fijó fecha para el 28 de abril pasado, Rompecorazones sigue sin estrenarse en Argentina. A no desesperar, la película de Pascal Chaumeil y Laurent Zeitoun difícilmente pierda la oportunidad de desembarcar en nuestra cartelera comercial: es probable que los distribuidores insistan en ubicar esta comedia romántica capaz de probar que el cine francés puede ser tan divertido como el norteamericano.

La influencia hollywoodense es tal que -algo infrecuente en las películas galas- la banda sonora está en inglés y Dirty dancing se convierte en título parodiado/homenajeado. Además, gran parte del film se desarrolla en escenarios glamorosos (en este caso el principado de Mónaco) y los personajes visten muy bien y manejan novísimos autos publicitarios (imposible no pensar un poco en Bond, James Bond).

Como Alex Hitch Hitchens, Alex Lippi también es un especialista en seducción. La diferencia entre el personaje a cargo de Will Smith y el de Romain Duris es que el primero ayuda a conformar parejas y el segundo, a separarlas. Eso sí, la misión del profesional francés también es noble: consiste en salvar a las mujeres que no se dan cuenta de lo infelices que son con sus novios.

Por momentos, Duris se parece a Nicolás Cabré (y el personaje de Lippi es digno del actor argentino). Por momentos parece faltarle química a la pareja compuesta con Vanessa Paradis (transformada en Juliette Van Der Becq).

Sin embargo, Rompecorazones entretiene. Quizás porque los secundarios Julie Ferrier y François Damiens lucen su talento natural para la comedia. Seguro, gracias a algunos gags como el ensayo coreográfico para recrear la escena final de Dirty Dancing y las expresiones de fanatismo por el dúo Wham.

Ante todo L’arnacoeur (ése es el título original) es una propuesta impersonal, producto de la aplicación de fórmulas que suele explotar la industria del entertainment globalizado. Curiosamente, tal vez éste sea el mayor anzuelo para enganchar a los detractores del cine francés.