El duro oficio de haber sido Sábato

Desde esta mañana, la mayoría de los medios argentinos y algunos extranjeros llora la muerte de Ernesto Sábato. Las necrológicas deben haber estado listas hace tiempo: cómo no encargarlas ante la posibilidad de que los achaques de la vejez y la tristeza tras la pérdida de la esposa Matilde terminaran matando o, en el mejor de los casos, ante la proximidad del centésimo aniversario (recordemos que el físico, escritor y pintor nacido en la localidad bonaerense de Rojas habría cumplido un siglo de vida el próximo 24 de junio).

Sábato se convirtió en figura emblemática de nuestras Letras y en encarnación mediática del intelectual comprometido después de que, a fines de 1983, fuera designado titular de la CONADEP. El Presidente de la Nación Raúl Alfonsín había creado esta Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas con el objetivo de investigar el plan sistemático de aniquilación ciudadana perpetrado por la dictadura militar de 1976. El trabajo realizado desembocó en la publicación del informe Nunca más y en el juicio a las Juntas responsables del eufemístico Proceso de Reorganización Nacional.

Algunos compatriotas le achacan a Don Ernesto la elaboración de la teoría de los dos demonios, presente en el prólogo del mencionado libro. Este análisis de una Argentina víctima de la guerra sucia entre dos facciones igual de criminales (la guerrilla subversiva por un lado y las fuerzas armadas por el otro) liberó de culpa y cargo a actores civiles (empresariado, dirigencia política, medios de comunicación) cómplices y/o directamente responsables de un mucho más complejo y perverso terrorismo de Estado.

Años y décadas antes de este desacierto, Sábato fue objeto de otros reproches: los antiperonistas le recriminaron el rescate de la figura de Evita como verdadera revolucionaria del movimiento fundado por Juan Perón; los peronistas aún hoy no le perdonan el apoyo a la Revolución Libertadora. Fuera de este esquema, intelectuales como Osvaldo Bayer, Jorge Luis Bernetti, el fallecido David Viñas acusaron el respaldo al golpe encabezado por Juan Carlos Onganía y la asistencia al famoso almuerzo con el entonces Presidente de facto Jorge Rafael Videla que también había invitado a Jorge Luis Borges, Horacio Ratti y Leonardo Castellani (aquí, la crónica de estos y otros traspiés).

A título estrictamente personal me permito escribir que nunca adherí a la sacralización mediática de Sábato como hombre de Letras, y sobre todo como intelectual de fuste. Sin embargo (y tal vez he aquí una ingenua contradicción), tampoco dejé de creer en su honestidad intelectual, es decir, en la posibilidad de que el autor de Sobre héroes y tumbas se pronunciara e interviniera con total convicción, equivocado, sí, pero sin oscuras intenciones.

A Don Ernesto se le atribuye el invento de la expresión “el duro oficio de ser argentinos“, siempre útil a la hora de resumir los dolores, dificultades, desilusiones, errores que solemos experimentar quienes habitamos este rincón sudamericano. Como muchos compatriotas, él también creyó, apostó, se equivocó pero además debió cumplir con el duro oficio de ser Sábato.

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PD. Gracias, Jorge, por el aviso.

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María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

5 thoughts on “El duro oficio de haber sido Sábato

  1. A los 15 años leí “El Tunel” y “Sobre Heroes y Tumbas” y quedé maravillado, aunque tal vez no entendí mucho. Con los años Sabato me gustó menos. Leí casi todo, (Heterodoxia, Abaddon, Hombres y Engranajes ), y este último verano “Antes del final”. Rescato “El Informe sobre ciegos” y – sobre todo – la conducta cívica de Sábato en 60 años de compromiso sin el apoyo de partido político ni capilla intelectual alguna.

    No era muy facil en el 76 rechazar las invitaciones de Videla a los “notables” de la sociedad, y si Favaloro, Fangio , Tato Bores o Leloir no son criticados por el mismo pecado, es porque tienen el cariño de la “intelligentzia” que siempre despreció a Sabato. Acerca de la Teoría de los Dos Demonios que el prólogo del “Nunca Mas” explica, la verdad es que ese era el discurso alfonsinista dominante en la época, y que la mayoría de los que hoy lo critican boicotearon la Conadep y boicotearon la detención de los comandantes (El PJ decía que el terrorismo de estado era cosa juzgada) …Bajen el dedito.

    Ahora que los escritores son lobbystas de corporaciones y viven en los medios de comunicación como si fueran estrellas de rock, tengamos respeto por un intelectual que se comprometió lealmente con su tiempo .

  2. (aquí) está transcripta una nota de la revista Crisis al padre Castellani. Durante los últimos 30 años he escuchado que el padre Castellani se atrevió a pedir por Haroldo Conti en esa comida de “intelectuales con Videla” pero nunca había visto este reportaje. Es bien interesante, porque por un lado ubica muy bien al sacerdote que fue y pidió por Conti. Pero por otra parte – me parece a mi – muestrra el clima de esos primeros meses: Todavía salía Crisis – dirigida por Galeano – y en el reportaje está claro que nadie creía estar viviendo en un país de desapariciones masivas y campos de concentración . También está clara la idea de Sábato de que el problema del país era que dos demonios (la ultraizquierda y la ultraderecha) estaban destruyendo la patria y debían ser controlados.

  3. “La falla central de Ernesto Sábato es la inadecuación entre su personalidad y sus intenciones estéticas. Sobre su robusto sentido común, sobre sus ideas convencionales y políticamente correctas (que lo hicieron en su vejez un favorito de los medios) era imposible ajustar pretensiones de escritor maldito o endemoniado o tan siquiera angustiados; no tuvo más remedio que crear un personaje que se dice malo, atormentado y sombrío, con una insistencia francamente infantil.”

  4. No sé si me gustaría tanto Sobre héroes y tumbas, El túnel y Abadón el exterminador si los vuelvo a leer hoy como cuando lo hice estando demasiado joven. Pero, recuerdo con nostalgia y hasta con cierta ternura la sensación de angustia que me dejaron los personajes de María y Alejandra al querer saber más de sus historias rotas.

    Y bueno, era de esperarse la partida de Sábato… pero igual, me deja un cierto saborcito triste en la boca.

    Gracias María por avisar. Es difícil enterarse de estas noticias por estos lares (con todo e internet).

    Un abrazo.

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