El casamiento

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Especial. Cobertura BAFICI 2011
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La pareja que conforman Ignacio y Julia perturbará a quienes condenan toda expresión de diversidad sexual, y escandalizará a quienes -retomando las palabras del sacerdote filmado en El casamiento– rechazan la idea de un Cristo a gusto entre pecadores. Seguro, unos y otros descalificarán un documental que -sin actitud militante, mucho menos demagógica- habla de amor y no de las arbitrarias normalidad y moralidad.

La condición transexual de Julia es apenas un aspecto de la historia de convivencia e inminente matrimonio que presenta el montevideano Aldo Garay. En efecto, el seguimiento realizado durante años también da cuenta de los golpes que la vejez, la enfermedad y la pobreza les dieron a estos dos enamorados capaces de expresar adoración mutua y de admitir desencuentros inevitables pero en definitiva anecdóticos y superables.

Además de concentrarse en sus dos protagonistas, El casamiento ofrece postales del Uruguay humilde, digno, entrañable. Aunque Ignacio se refiere a «los lengualarga que ahora tendrán que callarse», en la calle, en el colectivo, en el hospital donde Julia se somete a diálisis, el entorno dista de ser hostil.

Garay transmite el respeto y la ternura que siente por los novios: no los exhibe (en el sentido circense del término), juzga ni cuestiona. Algunos de los momentos registrados por las cámaras conmueven hasta las lágrimas, por ejemplo cuando la sorpresa de la torta por los 75 años del futuro esposo.

Para bien o para mal, El casamiento es un documental difícil de olvidar. Y en algunos espectadores, Ignacio y Julia dejan una impronta más profunda aún.