BAFICI 2011. Las menos apreciadas

Hoy no tuve miedo, La pileta, Curling, At Ellen’s age, True love figuran entre las películas de la 13a edición del BAFICI que quien suscribe no supo apreciar (cabe aclarar que por ahora esta lista también incluye las ya reseñadas Attenberg, Silver bullets y Sleeping sickness). A continuación, las razones de tanta -en el mejor de los casos- indiferencia.

Hoy no tuve miedo
Dos horas dura Hoy no tuve miedo, película íntima de Iván Fund, muy distinta a la que filmó con Santiago Loza (Los labios se proyectó en el Festival del año pasado). Presentado en dos episodios, el largometraje vale por el retrato de las relaciones interpersonales entre amigos y parientes del director, que en la segunda parte se extiende a los integrantes del equipo a cargo del rodaje.

Sin embargo, lo autorreferencial ocupa demasiado espacio en una propuesta que además tiene algo de experimental. Para algunos, 120 minutos de esta combinación son excesivos.

 La pileta
El trabajo de Matías Bringeri es el más modesto y riguroso -por lo tanto menos reprochable- de los títulos aquí comentados. La pileta se conforma con retratar a tres aficionados porteños del modelismo naval. Los cruza un cuarto personaje que, con la excusa de asistir a la navegación de las réplicas en un estanque público, advierte sobre el uso escapista/ilusorio de la pequeña escala y el control remoto.

Los interesados en este hobby y versiones similares serán el mejor público para una propuesta que dura poco más de una hora, y que también explora la afición por el boxeo y por la entrega de comida a domicilio (en especial las empanadas). Para la autora de este post, en cambio, el mundo del modelismo es una curiosidad que se extingue en escasos minutos.

 Curling
Los dos o tres cabos que Dennis Côté deja sueltos malogran una película que vale por las actuaciones, la fotografía y por un intento de alegoría sobre la soledad y el aislamiento. Si no fuera por las extrañas muertes que la merodean, Curling sería un verdadero hallazgo del cine franco-canadiense (años atrás vimos buenos ejemplares como éste, éste y éste).

Algunos espectadores nos quedamos entonces con los paisajes blancos de Norteamérica, con las actuaciones de Emmanuel y Philomène Bilodeau (padre e hija tanto en la ficción como en la vida real) y con el descubrimiento de un deporte llamado «curling» (siempre aprendemos algo gracias al cine) .

 At Ellen’s age
La actuación de Jeanne Balibar es la mayor virtud de un largometraje que al principio parece tratar sobre la crisis (matrimonial, laboral, de salud) de la protagonista a cierta edad pero que con el tiempo se transforma en increíble derrotero. «Increíble» en el sentido literal del término, o léase «tirado de los pelos».

«De cómo una azafata cuarentona termina conviviendo con un grupo de edukadores y luego pasando a la clandestinidad en la sabana africana». Así debería subtitularse At Ellen’s age, aunque tal vez la aclaración sea innecesaria cuando (por favor presten atención) el poster lo dice todo.

 True love
Nadie pretende negarle valor cultural a un género tan doméstico como el «Do it your self» (o «hágalo usted mismo»), pero la nueva categoría debería contar con algún reglamento que condicione la difusión de fiascos como True love. De hecho, la serie de fotos fijas tomadas en las distintas estaciones del año, el registro de charlas y besos íntimos, la reedición de imágenes obtenidas en el transcurso de una endoscopía y en distintas sesiones de tatuaje y ortodoncia no bastan para filmar algo digno de proyectarse en público.

El largo del español Ion de Sosa es un ejercicio catártico que lo habrá liberado de la amargura provocada por una ruptura amorosa, y que con el tiempo se transformará en testimonio de una vivencia personal. Pero para el resto de los mortales True love es apenas un ensayo con cámara en mano que, a lo sumo, nos muestra algunos rincones de Berlín (¿acaso de la ex Berlín Oriental?).