La vida útil

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Especial. Cobertura BAFICI 2011
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La vida útil es una de las niñas mimadas de los críticos en esta 13a edición del BAFICI, tal vez por la ocurrencia de que un colega uruguayo (Jorge Jellinek) encarne al protagonista de la segunda película de Federico Veiroj. Los amantes del cine autorreferencial también disfrutamos de este tributo cinéfilo, con perdón de la redundancia, que se atreve a hablar de crisis terminal sin la melancolía que caracteriza a otros títulos de temática similar, Cinema paradiso por ejemplo.

El subtítulo «un cuento de cine» es quizás la clave para apreciar la historia de un Jorge ficcional que vive para y de su trabajo en la cinemateca de Montevideo. Aún en la instancia de ruptura, cuando su mundo de 25 años parece desmoronarse, el protagonista ensaya pasos de baile en una escalera blanca en honor a alguna(s) escena(s) del Hollywood clásico.  

La estética de La vida útil (en blanco y negro, con títulos cuya tipografía también evoca a las películas de antaño) refuerza la intención de homenaje con happy end incluido. Particular, inesperado, pero happy end al fin.

En este segundo trabajo cuesta reencontrar al Veiroj de Acné, sorpresa que para algunos equivaldrá a prueba de versatilidad, para otros, a síntoma de madurez, para unos pocos a quiebre decepcionante. Con suerte, un tercer film permita definir mejor el rumbo del por ahora inasible director uruguayo.