Amateur

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Especial. Cobertura BAFICI 2011
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Por Rinconete
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Los programas televisivos que dicen buscar nuevos talentos no se desvelan por encontrarlos sino por denostar a todos aquellos que no lo tienen. Por eso y pese a haber pasado por una serie de filtros y audiciones, llegan a la pantalla personas sin otro talento aparente que la férrea voluntad de llegar a la pantalla.

Con el mediocre, el tullido, el personaje en el borde es cuando el programa brilla. Los conductores se burlan del candidato, con cinismo o ferocidad y todos nosotros del otro lado sentimos un gran alivio. Esos tipos comunes, desprovistos de toda gracia, reciben su justo escarmiento.

Algo parecido ocurre con Amateur, el tercer largometraje de Néstor Frenkel, un documental dedicado al cine casero, a las películas de Súper 8 familiares.

Luego de una presentación general hecha de retazos de films, en donde una voz en off describe con tierna ironía los paradigmas de ese cine (los saludos a la cámara, las monerías, los comentarios en off…), Frenkel se concentra en el personaje principal de su película, un ¨superochista¨ apasionado que desbordó el estricto marco de esos paradigmas.

Jorge Mario, odontólogo de Concordia, persona a la vez que personaje, es un tipo excéntrico, en el borde. Es un apasionado del cine que ha filmado más de veinte películas, entre las cuales un western (Winchester Martin) que busca filmar nuevamente. Tiene, además, muchas otras pasiones: un programa de radio comunitaria, el paddle, las subastas de estampillas, la protección del medio ambiente, un grupo de scouts, un archivo kilométrico de películas vistas, ordenadas por género y separadas entre actores vivos y muertos.

Es un personaje entrañable, que cree sinceramente en lo que hace y no reconoce los límites que en principio la vida le había asignado. No está loco, no se considera John Ford pero estima que, como Ford, él también filma westerns. Y eso hace que su vida sea mucho mejor.

Esa no parece ser la opinión del director, que dedica a su personaje una mirada condescendiente y burlona. Frenkel lo trata como un caso de feria, un sicótico del que se ríen los tipos sofisticados como el director y sus espectadores, que sabemos lo que el odontólogo de Concordia ignora: uno es lo que es y los límites son infranqueables.

El castigo por desconocerlos es la burla editada, el cinismo cool que padecen tanto el cantante de cabotaje despedazado en un programa de televisión como Jorge Mario, traicionado por quien dice quererlo.

Amateur es una película mala, en el sentido ético de la palabra. Es una burla al más débil, que genera risas cómplices entre quienes nos sentimos aliviados de ver una vez más como el iluso es castigado por los que realmente saben.