La vie au ranch

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Especial. Cobertura BAFICI 2011
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Como Attenberg, La vie au ranch también propone una aproximación al pasaje indefinible entre la adolescencia y la adultez joven (los veintypiquito) aunque sin la intención provocadora del film de origen griego. De hecho, la cámara de Sophie Letourneur se limita a colarse en las vidas de Manon, Lola, Pam y demás amigos que conviven y/o matan el tiempo en el departamento de París que todos llaman «rancho» (rancho en inglés, tal vez por influencia de Hollywood o del inglés que se cuela entre el francés mundano, a veces lunfardo o argot).

Aunque ejercicio ficcional, la película transmite los síntomas de revolución hormonal como si se tratara de un documental. Las actrices Sarah Jane Sauvegrain, Eulalie Juster, Mahaut Mollaret, Elsa Pierret se desenvuelven con total desparpajo, fieles a los personajes que encarnan y que confirman cierta fama sobre el espíritu desprejuiciado y fiestero de las muchachas parisinas.

También a diferencia de Attenberg, La vie au ranch es un producto inequívocamente local que permite repasar la idiosincrasia francesa, sobre todo aquélla que distingue a la juventud burguesa y urbana (también cabe destacar el espacio que Letourneur les concede a los adultos mayores en las escenas filmadas en la bucólica Auvergne). En definitva, esta condición genuina, y el muy pertinente retrato generacional, son sus mayores aciertos.