Un feriado particular

Un feriado particular es uno de los estrenos más interesantes de nuestra deslucida cartelera comercial, que todavía proyecta títulos ganadores del Oscar mientras se resigna a perder público ante la nueva edición del inminente BAFICI. «Querible» es el adjetivo que mejor define a la película escrita, dirigida y protagonizada por Gianni Di Gregorio, creer o reventar, el mismo guionista de la crudísima Gomorra.

En esta oportunidad, el realizador italiano propone una delicada comedia sobre la soledad y la vejez o, mejor dicho, sobre los mayores molestos. La historia de un hombre maduro que convive con su madre y que hospeda a tres desconocidas septuagenarias por 12 y 48 horas rescata a la tercera edad del olvido, la subestimación, el maltrato.

Ni Valeria De Franciscis, ni Marina Cacciotti, ni Maria Calì ni Grazia Cesarini Sforza son actrices profesionales, y sin embargo saben convencer, conmover, conquistar. De hecho, más de un espectador se queda con las ganas de integrar la mesa de almuerzo a la que los cinco protagonistas (y un sexto invitado) se sientan para celebrar el feriado de «ferragosto».

Aunque con pocas escenas exteriores (este largometraje bien podría ser una obra de teatro), el film de Di Gregorio le rinde tributo a la bella Italia. El delicioso idioma que hablan los personajes, la pasta humeante, la copa de vino siempre a mano, la motito que desemboca en una de las calles del Coliseo nos trasladan al país de nuestros ancestros (una vez más confirmamos nuestra indiscutible ascendencia tana).

En términos anglófonos, Un feriado particular pertence a la categoría «feel good movie». Por momentos simpática; por momentos conmovedora; siempre con sabor local (sin someterse a la pasteurización globalizadora), sin dudas «querible» es el adjetivo que mejor la define.