La niña guerrera

La niña guerrera y otras historias reales es el título completo del libro que Laura Ramos publicó en mayo pasado tras seis años de trabajo. La serie de relatos breves inspirados en la vida de once mujeres homo/ bisexuales da cuenta de un mercado editorial vernáculo cada vez más conciente de la rentabilidad LGBT y por lo tanto atento a la aparición de nuevos filones.

Los debates sobre matrimonio igualitario e identidad de género estimularon (y siguen estimulando) cierto fenómeno de visibilidad aún en los espacios más insospechados. En un contexto en principio tan alentador, el desafío consiste en encontrarle vueltas innovadoras a un tema que dejó de ser tabú.

Desde esta perspectiva, son tres los grandes anzuelos de este libro. Por un lado, el protagonismo acordado a dos famosas del ambiente (la cineasta Albertina Carri y la periodista Marta Dillon inspiran un capítulo cada una y un tercero como pareja). Por otro lado, la exacerbación erótica de la infancia (probablemente este segundo recurso escandalice a quienes todavía creen en la pureza de una niñez asexuada). Por último, el sesgo internacional del compendio (además de argentinas, las mujeres retratadas son de origen mexicano, norteamericano, alemán, italiano, sudafricano).

El tributo a la diversidad incluye otras reivindicaciones: de la condición femenina; de la determinación y fortaleza de estas mujeres (aún en las circunstancias más adversas); de la militancia política (otro tema de moda en la Argentina actual); del goce sexual (a veces liberación, a veces condena).

Aunque bien escrito y con sobrados indicios del esfuerzo de pre-producción (aquí Ramos cuenta el proceso), La niña guerrera corre el riesgo de desencantar a quienes conocen la tragicomedia gay. De hecho, más allá de su singularidad, las historias relatadas suenan a más de lo mismo: giran en torno a personas que se sospechan fuera de la norma hétero, que enfrentan prejuicios propios y ajenos, que transitan un camino frenético de auto-conocimiento y de (re)ubicación/aceptación en el mundo.

Por otra parte, la autora de este post cree detectar cierta intención entre cholula y sensacionalista, que en algunos lectores hará mella (a modo de rechazo o complacencia) y que, tal vez erradamente, otros atribuímos a las exigencias de un mercado editorial cada vez más conciente de la rentabilidad LGBT y por lo tanto ávido de nuevos filones.