El oficio de periodista

El conflicto con el campo, la promulgación de la Ley de Medios, el enfrentamiento entre el Gobierno y el Grupo Clarín, la aparición de 678 impulsaron un apasionado debate sobre periodismo. La discusión adquirió ribetes masivos, o al menos amplió el alcance antes circunscripto al ámbito académico y/o profesional. Los cruces de opiniones revelaron contrastes conceptuales resumibles en los binomios independencia/transparencia, imparcialidad/subjetividad, libertad de prensa/ empresa, profesionalismo/militancia, verdad/relato.

Internet ayudó en este sentido. Primero porque pocos medios y periodistas resisten el gran archivo virtual. Segundo porque proliferaron cientos de blogs destinados a probar la existencia de una agenda deliberada y a señalar los vicios de una editorialización contraria a las pretensiones de neutralidad.

Lectores, televidentes, oyentes que habitan el suelo argentino asistieron a la desacralización del ejercicio periodístico. Algunos habrán extrañado el halo que Hollywood ¡y los comics con Clark Kent y Peter Parker! le asignaron al reportero, héroe equiparable al buen detective privado (más lúcido, jugado y eventualmente honesto que los agentes del orden público).

Estas reflexiones se originan en la lectura de El oficio de periodista, compendio de entrevistas que Julio Ferrer les hace entre 2008 y 2009 a Osvaldo Bayer, Rogelio García Lupo, Alberto Szpunberg, Horacio Verbitsky, Carlos Aznárez, Herman Schiller, Rodolfo Braceli, Stella Calloni, Eduardo Jozami y Roberto Tito Cossa. Estos veteranos de la profesión homenajean a colegas fallecidos, describen redacciones a la vieja usanza, evocan experiencias exitosas y fallidas, contrastan pasado y presente, y así renuevan las ganas de discutir.

La mayoría de los testimonios insiste en describir al periodismo como ejercicio de la palabra contra la desinformación: contra la omisión (censura) y tergiversación (adulteración) de datos que provienen, no sólo del Estado o de los gobiernos, sino de las mismas empresas periodísticas. En este marco cobra relevancia la noción de militancia, primero como compromiso activo por contrarrestar las verdades y realidades predefinidas y explotadas por el statu quo, segundo como ejercicio sindical en defensa de los derechos de los trabajadores de prensa (fenómeno tímidamente visible en la actualidad).

Para nueve de los diez periodistas entrevistados, Rodolfo Walsh constituye el gran ejemplo de militancia y profesionalismo. Quienes coincidimos con esta elección (y con todo lo que implica) nos preguntamos de qué manera podemos arrimar el bochín desde un espacio tan pequeño como, por ejemplo, un blog.

En este otro sentido, Internet contribuye menos de lo que promete. Por momentos la Web se parece más a una propaladora de contenidos replicados hasta el hartazgo que a una usina de pensamiento fresco y de material nuevo o renovador. Los algoritmos que rigen el funcionamiento de los buscadores (por ejemplo de Google) estimulan un circuito de retroalimentación por el cual lo más visto (o visitado) encabeza la lista de resultados, y los usuarios vemos (o visitamos) con más frecuencia los mismos primeros ítems.

A veces da la sensación de que el gran océano virtual carece de profundidad.

Lógicamente la blogósfera también padece este síndrome de superficialidad. Por lo tanto resulta trabajoso ofrecer un aporte verdaderamente original, alternativo, contestatario a lo convenientemente rankeado.

Los testimonios recabados por Ferrer invitan a seguir reflexionando sobre periodismo y sobre la formación de los futuros profesionales (que ya trató este extensísimo post) en Argentina y el mundo. Aún quienes no ejercemos el oficio nos sentimos contagiados por la pasión de diez maestros a pesar suyo, y compelidos a ejercer la palabra para resistir -aunque sea desde un pequeñísimo blog- los embates de la desinformación e incomunicación.

La promulgación de la Ley de Medios, el enfrentamiento entre el Gobierno y el Grupo Clarín, la aparición de