El cisne negro

Los admiradores de Natalie Portman encontrarán en El cisne negro la oportunidad de deleitarse con una multiplicidad de planos que apuntan al lucimiento de esta actriz nominada a un Oscar 2011: desde los más generales, que sugieren cierta formación en danza clásica, hasta los más acotados a su rostro notablemente maquillado. Por si el regalo supiera a escaso, estos mismos fans también se darán el gusto de verla masturbarse y tener sexo con otra mujer.

La omnipresencia de Portman responde a exigencias del guión que escribieron Andres Heinz, Mark Heyman y John J. McLaughlin, y que emula distintos juegos de espejos. Citamos los más evidentes: 1) la protagonista es una bailarina que debe interpretar a dos personajes clave (el bien y el mal) de El lago de los cisnes; 2) esta suerte de duplicación en las tablas provoca o acelera un desdoblamiento en la vida real.

La superposición entre ficción y realidad también aparece como posible eslabón entre esta nueva película de Darren Aronofsky y su trabajo anterior, El luchador. En este punto cabe recomendar el análisis publicado en Plano Cenital sobre la bifurcación de Randy Robinson con respecto a “The Ram”.

Sin embargo, ésta es la única coincidencia feliz para quienes sucumbimos ante aquel film protagonizado por Mickey Rourke. En otras palabras, da la sensación de que Aronofsky hubiera perdido la claridad mental con la que dirigió el guión de Robert D. Siegel o, años antes, Réquiem para un sueño.

Por lo pronto, El cisne negro oscila erráticamente entre la crudeza y el surrealismo. Los espectadores pasamos de una primera instancia de docudrama (los sacrificios de una bailarina clásica para conseguir el papel protagónico) a la imitación de un episodio de Dr. House (la presentación de un caso clínico extraordinario), a un thriller psicológico con ribetes esotéricos.

Por si el ingrediente paranormal resultara insuficiente, Darren resucita a Barbara Hershey y Winona Ryder (con menos éxito que cuando revivió a Rourke). También pretende rescatar a Mila Kunis del limbo televisivo y convoca al espíritu maligno alojado en Vincent Cassel desde que actúa para Hollywood (recordemos su villanos en Descarrilados y Promesas del Este).

Lo mejor de este largometraje es la fotografía de Matthew Libatique (nominado para un Oscar) y el maquillaje (ignorado por la Academia de Hollywood). Algunos amantes del ballet también apreciarán la recreación de ensayos y una banda de sonido que reproduce las melodías más conocidas de Tchaikovsky (una de ellas musicalizó la escena final de Billy Elliot).

Por lo demás, las probabilidades de que El Cisne negro cause sensación parecen proporcionales a la pasión que despierte Natalie Portman y a las expectativas depositadas en Darren Aronosky.    

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PD. Esta película se estrenará en Buenos Aires el próximo jueves 17.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

7 respuestas a “El cisne negro

  1. Hola Maria,
    Soy un fiel seguidor de Aronofsky y esperaba con ganas esta película… Hasta soy capáz de defender The Fountain 😀

    Disfruté mucho de la transición de Nina “fragil/delicada/irritante” hacia Nina “oscura/visceral/sexual”. Los tintes surrealistas, la textura de la imágen (todo para ganar en fotografía, no?) y la claustrofóbia que generan los planos cerrados de Natalie son algunos de los puntos que más me gustaron de la película. Otro acierto es la duración del film y el respeto por el guión: No hay divague para alcanzar los 120/150 mínutos que parece pedir el standard actual.
    Barbara Hershey tiene un papel secundario impecable y Mila Kunis fue una agradable sorpresa.

    Tal vez Aronofsky delira, exagera, incomoda, derrapa(?), pero siempre me gusta el resultado final.

    Saludos!!

  2. El cisne negro…un semblante femenino
    Por Mónica Magaldo
    La historia de ésta protagonista puede rápidamente leerse como el caso de una mujer que ante la posibilidad de obtener un papel importante en su carrera sufre una desestabilización. Nos recuerda el caso del presidente Shereber, un clásico de la literatura psicoanalítica.
    La protagonista al momento de tener que representar el cisne negro se encuentra en dificultades que nos permiten inferir que en su estructura falta un significante, el del nombre del padre, que operaría como soporte de sentido o causa.
    Tiene escenas que nos muestran su desencadenamiento con fenómenos elementales, alucinaciones y pseudo construcciones delirantes muy interesantes y bien realizadas. Aunque por momentos nos trasladan a un compendio de psicopatología, que achata las expectativas del saber hacer de un artista.
    Por eso esta perspectiva no es tan interesante, como la que ofrece para los espectadores, la angustia o expectativa de la decepción de una historia de amor. El Lago de los cisnes es una de las historias que como cuento de hadas, no tiene un final feliz. Creo entonces que nos ofrece por un lado, una historia de locura (como enfermedad) pero por el otro, algo de la locura femenina. Con esto me refiero al “goce suplementario”, eso que está “en más”, y que se ubica en los tiempos en que Lacan hablaba de las fórmulas de la sexuación (Seminario 20).
    El cisne negro, es el semblante de La mujer y la sexualidad que ella no podía representar, solo sirviéndose de un poco de locura. La pregunta es ¿y cómo lo asumen las mujeres no tan locas? Yo diría que con un poco de locura también, pero bajo la comprensión de “la representación” es decir del significante, es un lugar a ocupar momentáneamente…. Al momento del amor. Por eso, mientras la protagonista enloquece clínicamente, bordeamos la locura de las otras bailarinas, que esperan “ser tocadas” por el director y compiten (con pito) como toda lógica fálica por un segundo de brillo, ser la estrella .Y que cuando el reinado acaba, a veces sin necesariamente perder la razón, pierden el sentido de aquello que las causa.
    Pero como decía, en términos de amor y sobre todo en relación a los sexos, la razón no tiene nada que hacer allí. Pero si, la pasión, la pulsión, el goce o el término que queramos escoger a la de hora de…eso-coger.
    El film puede ofrecernos una lectura del lugar de la mujer y de lo femenino, en el entramado de lo imaginario como espectáculo, para ser visto, a costa de un cuerpo real que se desgarra por todos lados y despunta nuevamente a los síntomas de la época: como la anorexia u otro tipo de privaciones para ofrecer una imagen heterea, que no necesariamente se incluye en este tipo de práctica como la danza.
    Nos queda el semblante que ofrece el lenguaje, el discurso, la poesía, o la expresión consentida del amor y así es como crecemos entre cuentos de hadas y amor, cuentos necesarios para velar el vacío, pero son solo eso… cuentos de amor, que nos posibilitan contarnos, ser tenidos en cuenta en el mundo del Otro. Y las mujeres pueden asumir entonces, su lugar de reinas amadas, de elegidas convirtiéndose en “La excepción” entre las otras, en el encuentro con el Otro Sexo, para no enloquecer.

  3. Qué cosa, Winston… A mí me encantaron El luchador y Requiem para un sueño. No así El cisne negro. Debo confesar que, además de lo dicho en el post, tengo un problema con Portman: rara vez me convence con sus papeles.

    Por lo que leí/escuché, El cisne… no pasó desapercibida. Gustó mucho o nada. Es mejor esto que la indiferencia, ¿no?

  4. Sí, es cierto, María. No hay grises con El Cisne Negro (bien vale la metáfora cromática)… Y Portman me puede, a esta altura ¿para qué resistirse? Aunque su corto en I Love You NY no me gustó del todo la puedo perdonar 🙂

    Estudié muy poco de psicología como para seguirle el paso a Mónica pero su comentario es interesante.

  5. ¿Soy el único que piensa que la Portman, como el buen vino, va ganando con los años?
    De joven era una chica monilla, pero del montón. A años luz de la sensualidad de la Johannson o la belleza delicada de Kirsten Dunst.
    Sin embargo, el paso de los años le está otorgando una elegancia y una profundidad en el rostro, que la hacen ser de las mujeres más bellas del panorama.

  6. Una chica con un gran talento para la interpretacion, cada vez mejor y sin perder su elegancia.

  7. Se nota que le gusta y que es su vida, lo da todo en cada papel y eso para el espectador es de agradecer hoy en dia en los que le dan papeles a cualquiera.

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