Hedwig and the angry inch

Ojalá I-sat vuelva a proyectar Hedwig and the angry inch, película que John Cameron Mitchell dirigió y protagonizó en 2001. A saber: años antes de ¿saltar a la fama? con la polémica Shortbus, el cineasta texano produjo un musical luminoso, dramático, corrosivo, furioso sobre la odisea de una transexual germano-oriental que emigra a los Estados Unidos para convertirse en rock star.

El film parece haber pasado sin pena ni gloria por nuestro país (IMDb consigna que se editó directamente en DVD con nombre aséptico y apocopado: Hedwig a secas). Acaso los distribuidores locales hayan considerado que la historia de una joven obsesionada por la mutilación física y espiritual podría afectar la sensibilidad del público masivo y en general pacato.

La colérica pulgada mencionada en el título original es el leitmotiv de una biografía relatada en primera persona, con flashbacks oportunos, canciones potentes, y una puesta en escena digna del glamour queer y de la provocación punk (pocas veces se habrá conseguido con eficacia tal combinación).

Mitchell cautiva a partir de una producción enérgica y con sentido de la estética, y de una interpretación visceral. El guión que también escribió se luce por su capacidad para darles carnadura a personajes con mucho de imaginario rockero y, porqué no, con algo de comic.

Tres otros grandes pilares de Hedwig and the angry inch son el soundtrack a cargo de Stephen Trask (que en la ficción integra la banda de la protagonista), la actuación del siempre jugado Michael Pitt, y el homenaje a grandes del rock y el punk como Lou Reed, David Bowie, Kurt Cobain. Y por si todo esto fuera poco, la odisea personal sirve para repasar la caída del muro de Berlín.

Atentos, entonces, a la programación de I-sat. Con suerte el canal repita el trabajo de un cineasta que debimos descubrir antes de Shortbus.