El censo y los Pérez Manija

Por Jorge Gómez
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Desde hace algunos años, conocidos comunicadores contribuyen en nuestro país a cierta apología de la anomia social, cuya última expresión es el increíble cuestionamiento a un censo de población. Estos Arnaldo Pérez Manija de la (des)información pública instaron en 2001 a deslizar fetas de salame en las urnas a modo de boicot electoral, y ahora sugieren ignorar a los censistas que mañana tocarán el timbre de nuestras casas porque pueden ser delincuentes o, peor aún, agentes del Kaos enviados por la malvada Kristina*.

No es mi intención defender la importancia obvia de un censo nacional, sino comparar la conducta de quienes critican o apoyan iniciativas idénticas según su relación con la administración de turno. Dicho esto, cabe señalar que nada bueno se logra poniendo fiambre en lugar de votos, ni generando psicosis sobre la posible invasión de bárbaros disfrazados de censistas.

Volviendo al objetivo de este post, los mayores de 40 recordarán el censo de 1980 que en plena dictadura el periodismo entusiasta convirtió en jornada de gran participación popular. Respaldados por slogans creativos («Sumesé al Censo ’80. Necesitamos contar con usted»), los censistas fueron bien recibidos y al día siguiente los medios exageraron la conciencia cívica de los argentinos.

Los memoriosos no me dejarán mentir. En ese entonces a los ciudadanos cumplidores nos regalaron un simpático sticker para que pegáramos en nuestra puerta como certificado de misión finalizada.

La bonita campaña para convidar a los censistas con un café nada decía de los desaparecidos ni de los muertos. Tampoco mencionaba la inseguridad de que, en cualquier momento, una patota se metiera en nuestra casa para molernos a patadas, secuestrarnos y así impedirnos participar del censo.

En ese caso habría sido imposible pegar la hermosa estampilla en la puerta porque nos la habrían roto a culatazos. En ese caso no habríamos podido contar con la ayuda de los mismos ciudadanos que ahora, preocupados, llaman a no abrirle a la maestra que mañana tocará el timbre con una planilla en la mano porque puede ser un ladrón o, peor aún, agente del Kaos.

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* Ciudadanos obedientes les toman la palabra. De hecho, adhieren con fervor al grupo Censo 2010. No les abras en Facebook.